
En una celebración marcada por la oración, la gratitud y la alegría, la Diócesis de Rancagua celebró el lunes 12 de octubre la ordenación sacerdotal de Ricardo Felipe Rojas Bozo y Carlos Antonio Martínez Acevedo. Ambos recibieron el sacramento del Orden en una Eucaristía presidida por el obispo diocesano, monseñor Guillermo Vera Soto, en la Parroquia San Francisco de Asís de Rancagua.
La ceremonia reunió a familiares, amigos y numerosos fieles, junto a más de 40 sacerdotes y diáconos, quienes acompañaron a los nuevos presbíteros en este paso fundamental de sus vidas.
Durante la celebración, monseñor Vera destacó el carácter espiritual de la ordenación y recordó que el sacerdocio es, ante todo, un don de Dios. «La ordenación es un acontecimiento de oración. Ningún hombre puede hacer a otro sacerdote. Es el mismo Señor que consagra a sus elegidos», señaló.
En su homilía, el obispo se refirió al camino de discernimiento recorrido por Ricardo y Carlos, destacando cómo fueron reconociendo y acogiendo el llamado del Señor. «Ha sido un camino largo en el cual Dios les ha hablado en su Palabra y en los acontecimientos de la vida, como también en los susurros que hacen seducir al corazón, y ustedes han sabido responder», expresó.
Monseñor Guillermo Vera invitó a los nuevos sacerdotes a seguir el ejemplo de Jesucristo, viviendo su vocación con alegría, humildad y fidelidad. Los animó a ser pastores cercanos, capaces de escuchar, acompañar y consolar, especialmente a quienes atraviesan momentos de dolor o dificultad. También les recordó la importancia de cultivar una profunda vida de oración, permanecer unidos al Señor en la Eucaristía y mantener la comunión con su obispo y sus hermanos sacerdotes.
Es así como en se terminó de celebrar el centenario de la diócesis con la alegría de contar con dos nuevos pastores. Ellos seguirán sirviendo en las parroquias en las que están actualmente: el padre Felipe en El Sagrario de Rancagua y el padre Carlos en Jesús Crucificado de Los Lirios.
Pbro. Carlos Martínez: “Mi Dios y mi todo”
“Mi Dios y mi todo”. Con estas palabras de san Francisco de Asís, el padre Carlos Martínez expresó el espíritu con que deseaba vivir su ministerio sacerdotal. Ordenado por monseñor Guillermo Vera Soto, obispo de Rancagua, ante un templo lleno de fieles, sacerdotes, diáconos y miembros de la comunidad diocesana, inició esta nueva etapa con el corazón agradecido y la mirada puesta en el servicio.
Para el nuevo presbítero, la Eucaristía y la presencia de la Santísima Virgen serán fundamentales en su vida cotidiana, junto con la fraternidad sacerdotal a la que está llamado a pertenecer.
Su testimonio estuvo marcado por el agradecimiento a quienes habían acompañado su camino vocacional. “Quisiera agradecer a Dios, que ordena la vida de sus hijos para que todo sea según sus planes, que son siempre lo mejor que puede ocurrir. Agradezco al señor Obispo llamarme a ser parte del clero de nuestra querida diócesis”, expresó, extendiendo su reconocimiento a los sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y agentes pastorales con quienes había compartido su servicio.
Un lugar especial ocupó su familia y sus seres queridos. Con emoción, recordó a su padre, que lo acompaña desde el cielo, y agradeció a su madre por su presencia constante: “Gracias, mamita, por tanto”. También dedicó palabras a sus hermanos, sobrinos, tíos y primos, tanto a quienes estuvieron presentes en la ordenación como a aquellos que ya han partido.
Su historia vocacional se ha entretejido con las comunidades educativas y parroquiales que lo acogieron. Recordó con gratitud a las parroquias Nuestra Señora del Carmen de Graneros y Jesús Crucificado de Los Lirios, así como al Colegio Nuestra Señora de Graneros. De manera especial, destacó sus 25 años de vínculo con el Instituto Inglés, donde ha compartido la vida cotidiana con colegas, alumnos, exalumnos y apoderados.
Así comenzó su camino sacerdotal, con la disposición de hacer de su vida una entrega a Dios y a los hermanos, siguiendo el ejemplo de san Francisco de Asís y confiando en la compañía maternal de María.
Pbro. Felipe Rojas: “Estamos aquí para ustedes, somos sus hermanos, somos servidores”
En sus primeras palabras como sacerdote, el padre Felipe Rojas expresó su gratitud al Señor, al obispo y a su familia. Tuvo un recuerdo especial para su padre, fallecido, y agradeció profundamente a su madre y a sus hermanas, quienes lo acompañaron en esta significativa jornada.
Inspirado en las palabras del Evangelio de san Juan —“Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”—, compartió el sentido de su respuesta vocacional y su deseo de vivir el ministerio sacerdotal con entrega, cercanía y amor al Pueblo de Dios.
Junto con agradecer a quienes lo acompañaron durante su camino de formación, pidió especialmente a la comunidad que rezara por él y por todos quienes habían consagrado su vida al servicio de la Iglesia.
“Estamos aquí para ustedes, somos sus hermanos, somos servidores, para eso nos hemos consagrado, para acompañar”, expresó, destacando que el sacerdocio es una vocación de servicio, llamada a caminar junto a las comunidades y a estar cerca de sus necesidades.
El padre Felipe Rojas también invitó a mantener la oración por el clero de la Diócesis de Rancagua, los diáconos, los seminaristas y quienes se encontraban discerniendo una posible vocación sacerdotal.
Su mensaje puso de relieve la importancia de caminar unidos en la fe y sostener con la oración a quienes responden al llamado del Señor.
Con su ordenación sacerdotal, la Diócesis de Rancagua recibió a un nuevo presbítero, una alegría para la Iglesia diocesana que renueva, al mismo tiempo, la invitación a acompañar y promover las vocaciones, para que más jóvenes descubran la alegría de seguir a Cristo y ponerse al servicio de sus hermanos.