Testimonios de misioneros: Dejarlo todo para anunciar a Cristo

Jueves 01 de Octubre del 2026
• Una religiosa brasileña, un matrimonio y un sacerdote proveniente de India cuentan sus experiencias de misión, mostrando que anunciar el Evangelio también significa estar cerca de las personas y sus realidades.

Octubre es el Mes de las Misiones, un tiempo en que la Iglesia vuelve a poner en el centro una certeza: anunciar el Evangelio no es tarea de unos pocos, sino una vocación que nace del Bautismo y que compromete a todos los cristianos. Como enseñó san Juan Pablo II, cada bautizado está llamado a ser testigo de Cristo allí donde le corresponde vivir.

La Jornada Mundial de las Misiones tiene su origen en 1926, cuando el papa Pío XI instituyó esta celebración para todas las diócesis, parroquias e institutos católicos. Su propósito era despertar la conciencia misionera, dar a conocer las realidades de quienes anuncian el Evangelio y promover tanto la oración como la ayuda material.

Este año, la jornada se celebrará el domingo 18 de octubre, coincidiendo con el centenario de su institución. Una fecha que invita a mirar la misión no como algo lejano, sino como una tarea que comienza en las propias comunidades.

Porque ser misionero no significa necesariamente viajar a otro país. La misión también se vive acompañando a una familia, visitando a un enfermo, formando a un niño, escuchando a un joven o anunciando con la propia vida la alegría de creer en Jesucristo.

Además, octubre es también el Mes del Rosario, dos caminos que se encuentran en una misma invitación: rezar por quienes anuncian el Evangelio, conocer sus realidades y colaborar con ellos. La oración sostiene la misión y la solidaridad permite que llegue más lejos.

Les invitamos a conocer algunas experiencias de misión a través del testimonio de sus protagonistas.

 

 

De Brasil a Paredones

En San Pedro de Alcántara, Paredones, la hermana Jerusa de los Santos Ángeles, del Instituto de las Pobres de Jesucristo, vive su vocación misionera lejos de su Brasil natal. Llegó a Chile en marzo y cuenta con siete años de vida consagrada.

“Durante todo este tiempo de vida consagrada acá, descubrí un nuevo rostro de Jesús, una nueva manera de acercarme a Él a través de las almas que me fueron confiadas”, relata.

Su misión se desarrolla junto a niños, jóvenes y adultos mayores, acompañando distintas necesidades pastorales. Pero también reconoce que la comunidad la ha evangelizado a ella: “Nosotras recibimos de este pueblo la acogida y el amor que el propio Dios nos regala”.

 

 

Una familia al servicio del Evangelio

La misión también tiene rostro de familia. Mónica Paulina Serrano Díaz y Nicolás Guazzini Saavedra son un matrimonio misionero itinerante del Camino Neocatecumenal, enviado hace cinco años a la Diócesis de Rancagua.

Dejaron Santiago, sus trabajos y su vida cotidiana para ponerse al servicio de esta misión, confiando en la divina providencia. Su labor comienza en las parroquias, con la autorización de los sacerdotes, y continúa con invitaciones casa por casa para participar en un ciclo de catequesis.

El propósito es ayudar a las personas a redescubrir el Bautismo y avanzar hacia una fe madura, capaz de traducirse en una vida cristiana concreta.

Junto a ellos trabaja un presbítero venezolano, el padre Manuel, y seminaristas que realizan su experiencia pastoral con el equipo, formando así una comunidad misionera marcada por distintas culturas y experiencias.

 

“Por Cristo y para trabajar por su Reino”

Otro rostro de esta misión es el del R.P. Arul P. Arul Christu Raj Nayagam, O.M.D., sacerdote proveniente de India y actual párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Quinta de Tilcoco.

Ordenado sacerdote en Chile en 2012, el padre Arul reconoce la alegría de servir como misionero, aun cuando esta vocación implica dejar atrás la familia, los amigos, la cultura y muchas veces el propio idioma.

Su principio es claro: “Obrar según el tiempo”, atendiendo las necesidades concretas de cada lugar. Por eso considera fundamental la presencia del sacerdote en las comunidades, especialmente allí donde la Eucaristía se celebra con menor frecuencia.

Celebrar la Misa, confesar, visitar enfermos, acompañar funerales, bendecir hogares y estar junto a quienes sufren forman parte de una presencia que, según explica, hace que las personas sientan que “vino la Iglesia”.

Tres experiencias distintas, un mismo llamado. En el Mes de las Misiones, la Diócesis de Rancagua recuerda que la misión tiene muchos rostros, pero un solo centro: Jesucristo, a quien la Iglesia está llamada a anunciar con palabras, obras y una vida entregada al servicio.