
Al comenzar el Mes de la Patria, creo oportuno que, como creyentes, podamos detenernos un momento a pensar en nuestro actuar como ciudadanos, en lo que significa haber nacido en un país y en la responsabilidad que se desprende de este hecho.
Llamamos patriotismo al valor que procura cultivar el respeto y el amor que debemos a la patria, mediante nuestro trabajo honesto y la contribución personal al bienestar común.
Tal vez, para muchos, ser patriota consiste en el orgullo de haber nacido en un país rico en recursos o de gran tradición cultural; para otros, significa portar los colores nacionales en un evento deportivo o durante un viaje al extranjero; algunos más, solo sienten pertenecer a su país en las fechas de una celebración nacional y únicamente como pretexto para organizar una fiesta con sus amigos... Cabe preguntarnos si el verdadero patriotismo se vive o si es un sentimiento ocasional y, por tanto, pasajero.
La conciencia nacional parece despertarse con fuerza cuando aparecen los desastres, las guerras y otros sucesos extraordinarios, pero todo pasa y volvemos al ritmo de vida habitual.
Debemos tener cuidado, al querer la tierra y la historia que son nuestras por nacimiento, de no caer en el nacionalismo que propone un sentimiento de exclusividad y superioridad. Cuando los valores cívicos están bien cimentados, nace la preocupación por ayudar a los demás, no solo a nivel comunitario, sino como una extensión que traspasa las fronteras.
El patriotismo se manifiesta en los valores que transmitimos como ciudadanos conscientes: trabajo, conducta, modales, respeto a las normas y costumbres, participación y lucha contra todo tipo de corrupción, trampa, abuso y flojera. El verdadero patriota puede quejarse de su nación, observando sus errores y deficiencias, pero, al mismo tiempo, busca, en cuanto de él dependa, y propone los medios a su alcance para poder solucionarlos.
Para vivir y transmitir a los demás la importancia del valor del patriotismo, se necesita del trabajo y esfuerzo diario de cada uno de nosotros, y aquí van algunas pistas que pueden ayudar:
¿Cumples con todo esto y más? ¡Excelente! Pero no olvides que, además de vivirlo personalmente y con tu familia, debemos mostrar y enseñar a los demás a realizarlo con ilusión, demostrando que somos capaces de vivir en paz y de ser felices construyendo el país que nos pertenece.
Quien tiene fe ha de manifestarla con sus obras, como nos enseña el apóstol Santiago. Que nuestro amor a Jesús se manifieste también en que colaboramos en construir una nación más justa y solidaria, donde, desde el lugar en que vivo y en las tareas que me ocupo, la responsabilidad, la honradez, la fraternidad, el respeto y la fe vivida sean nuestros sellos distintivos.
Estas Fiestas Patrias que celebraremos tendrán el sello de los cien años de la Coronación de la Virgen del Carmen, como Reina y Madre de nuestra Patria. A ella le pedimos que nos ayude, como Buena Madre, a saber querer esta tierra y a su gente, y que todos trabajemos para que Chile sea la mesa grande a la cual todos nos podamos sentar con la dignidad de hijos y hermanos, y también quienes llegan de lejos buscando una nueva esperanza.
Dios les bendiga.
+ Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua