
El pasado sábado 18 de julio se unió a la Iglesia celestial el hermano Fernando Fernández, de nombre civil Pantaleón Fernández Martín, a la edad de cien años, cumplidos en diciembre del año pasado, a través de una vida centrada en Dios y con la mirada siempre puesta en Jesús, María y José, como es el lema marista. El hermano Fernando fue el último superior de la comunidad de hermanos del Instituto O’Higgins de Rancagua, hasta el retiro de su presencia en febrero de 2019, luego de 104 años de vida en la ciudad, dedicado en cuerpo y alma a la educación y al servicio de muchos niños y jóvenes.
La comunidad marista del Instituto San Martín de Curicó entregó la siguiente reseña de su vida: “Nacido el 21 de diciembre de 1925 en Palacios del Alcor, Palencia, España, recibió en el bautismo el nombre de Pantaleón, en honor al mártir cristiano cuya fortaleza y testimonio admiró durante toda su vida. Era hijo de José Fernández y Teófila Martín, en el seno de una familia de ocho hermanos. Su vocación marista comenzó muy temprano. Con apenas once años ingresó al Juniorado de Carrión de los Condes y, en 1940, llegó a Chile para continuar su formación religiosa en la casa marista de Lo Lillo, en Santiago. Allí realizó el Postulantado, el Noviciado y el Escolasticado, profesando como Hermano Marista el 11 de febrero de 1943. Cinco años más tarde, en 1948, realizó su profesión perpetua, consagrando definitivamente su vida al carisma de San Marcelino Champagnat”.
Nada menos que 83 años como hermano marista, donde se desempeñó como profesor de Lenguaje y fue director-fundador de los colegios Instituto Santa María de Limache y Diego Echeverría de Quillota. Igualmente fue superior y animador de comunidad en distintos colegios maristas en Chile. Entre otras destinaciones estuvo en Curicó entre 1995 y 2001. Fue un abnegado formador de nuevas generaciones de hermanos maristas, tanto en España (Valladolid), como en Chile.
Tuve la gracia de compartir con él y con la última comunidad de hermanos maristas en Rancagua, entre marzo de 2013 (pocos días antes del inicio del pontificado del Papa Francisco), hasta febrero de 2019, presidiendo la eucaristía de lunes a viernes a las 6.45 de la mañana, y luego el consabido desayuno de las 7.30. Más de mil eucaristías y desayunos, donde me fue posible conocer sus gustos, opiniones, posturas políticas y religiosas, el acontecer mundial y nacional. Sin dejar de hacer sus comentarios variados con gracejo español, expresiones cáusticas, frases mordientes y libertad de pensamiento, en temas humanos y divinos. No hablaba mucho, pero hablaba libremente. De opiniones muchas veces audaces y vehementes. No quedó fuera de su alcance lo que pensaba y decía sobre los sucesivos Presidentes del Gobierno español y políticos diversos de la Península (socialistas y populares), el anterior monarca abdicado y el nuevo monarca coronado, cuyos detalles omitiré prudentemente.
Vivió sus últimos años en la comunidad de Sótero Sanz en Santiago, donde pudo celebrar con alegría y sencillez sus cien años de vida, en presencia de sus hermanos. En síntesis, el hermano Fernando fue un religioso cercano, silencioso, acompañante, educador, querido, coherente, directo, humilde, creyente y servidor. Un hermano marista cuya memoria perdurará en quienes lo conocimos, con un gran testimonio de seguidor de Jesucristo y su Madre María, Nuestra Buena Madre y Recurso Ordinario; y por cierto, fiel discípulo de Marcelino.
Pbro. Hugo Patricio Yáñez Canales, último capellán de la
comunidad de hermanos maristas en Rancagua.