Dejar su tierra para seguir a Cristo

Lunes 03 de Agosto del 2026
En el marco de la Jornada de la Vida Consagrada, las hermanas Angee Katherine Bustos, de Colombia, y Adeline Raharivony, de Madagascar, comparten cómo descubrieron su vocación, los desafíos de dejarlo todo y la alegría de entregar su vida a Cristo al servicio de las comunidades de la Diócesis de Rancagua.

¿Qué lleva a una joven a dejar a su familia, su país y los sueños que alguna vez imaginó para responder a un llamado que no todos logran comprender? La respuesta tiene un nombre: vocación. En la antesala del 15 de agosto, cuando la Iglesia celebra la Asunción de la Virgen María, la Jornada de la Vida Consagrada y el Día de las Religiosas, dos mujeres que llegaron desde distintos rincones del mundo abren su corazón para compartir cómo Dios transformó sus vidas y las condujo hasta la Diócesis de Rancagua.

Sus historias nacieron en continentes diferentes, pero convergen en un mismo propósito: anunciar a Jesucristo y servir con alegría al Pueblo de Dios.

 

 

Cuando Dios cambia los planes

La hermana Angee Katherine Bustos Carvajal, de la congregación Hermanas Misioneras Siervas del Divino Espíritu, nació en Pamplona, Colombia. Aunque creció en una familia católica, nunca imaginó que terminaría consagrando su vida a Dios.

Su primer acercamiento a la vida religiosa ocurrió mientras estudiaba en un colegio de religiosas. Aquella experiencia sembró una inquietud que fue creciendo con los años, hasta convertirse en una búsqueda profunda. "Sentía un vacío que nada podía llenar. Solo cuando encontré a Jesús comprendí que Él era quien daba sentido a mi vida", recuerda.

Mientras cursaba la carrera de Fisioterapia, entendió que ese no era el camino que Dios le proponía. En 2014 comenzó un proceso de discernimiento vocacional y descubrió a las Misioneras Siervas del Divino Espíritu, congregación cuyo carisma de evangelización y servicio conquistó su corazón.

La decisión no fue sencilla. Sus padres no comprendieron que abandonara la universidad para ingresar a la vida religiosa. Sin embargo, el amor por Cristo fue más fuerte. "Sentí un amor tan grande por Jesús que no pude decirle que no", afirma.

Hoy desarrolla su misión en la comunidad de San Francisco Javier, en Peralillo, acompañando la pastoral parroquial, formando agentes evangelizadores, visitando enfermos y familias, animando grupos de Infancia Misionera, jóvenes, ministros extraordinarios de la comunión y proclamadores de la Palabra.

Su consejo para quienes sienten inquietud vocacional es claro: "Pidan al Espíritu Santo que les muestre el propósito para el cual fueron creados. Si Dios los llama, no tengan miedo de lanzarse. Él nunca defrauda".

 

 

 

Desde Madagascar hasta Chile por amor a Cristo

A más de 13 mil kilómetros de distancia nació otra historia de amor con Dios. La hermana Adeline Raharivony, de la Congregación Hermanas de Cristo, creció en Madagascar sin pensar jamás que algún día sería religiosa.

Su vida cambió en 2004, cuando aceptó participar en un encuentro vocacional. Lo hizo buscando consuelo tras la muerte de su padre, ocurrida dos años antes. "Yo no iba pensando en ser religiosa. Solo quería salir de la tristeza que estaba viviendo", recuerda.

Aquellos 15 días marcaron un antes y un después. Decidió ingresar al aspirantado para continuar sus estudios y conocer más de cerca la vida comunitaria. Poco a poco fue descubriendo que Dios la llamaba por ese camino.

Después del postulantado, el noviciado y varios años de formación espiritual, psicológica y teológica, realizó sus primeros votos en 2011 y sus votos perpetuos en 2017. Desde 2014 vive como misionera en Chile.

Hoy sirve en la Diócesis de Rancagua, convencida de que la vocación es un regalo que se descubre caminando. "La mejor manera de saber si este es tu camino es vivir la experiencia. Desde afuera nunca se conoce realmente la vida religiosa", explica.

También invita a los jóvenes a no dejarse llevar por el temor o el qué dirán. "Si durante el discernimiento descubres que tu vocación es el matrimonio, también es una respuesta de Dios. Lo importante es ser libre y buscar aquello que realmente te hace feliz en el Señor."

 

La vocación sigue siendo un signo de esperanza

Las historias de las hermanas Angee y Adeline demuestran que la Vida Consagrada sigue despertando corazones generosos en distintos lugares del mundo. Ambas dejaron su cultura, sus afectos y sus proyectos personales para convertirse en misioneras en Chile, donde hoy acompañan comunidades, anuncian el Evangelio y hacen presente el amor de Cristo entre niños, jóvenes, adultos y personas enfermas.

En una sociedad marcada por la incertidumbre y el individualismo, el testimonio de estas dos religiosas recuerda que entregar la vida por amor a Dios sigue siendo una fuente de alegría profunda y una esperanza para la misión evangelizadora de la Diócesis de Rancagua y de toda la Iglesia.

 

¡Feliz día de la Vida Consagrada!