Cuando Dios se vuelve silencio: notas de la fe en tiempos de ausencia

Lunes 04 de Mayo del 2026
Por Pbro. Felipe Pardo Fariña Vicario Pastoral Diócesis de Rancagua.

 

En nuestra época la cuestión de Dios no suele plantearse en términos de negación abierta sino más bien de desvanecimiento progresivo. Esta reflexión busca adentrarse en ese fenómeno sutil pero decisivo: la manera en que la vida contemporánea se organiza al margen de toda referencia efectiva a lo trascendente. Bajo este horizonte, que incide principalmente en la vida de los jóvenes, el presente texto se concatena con el anterior y con los que vendrán en la pretensión de pensar, desde una clave pastoral y cultural, los modos en que la experiencia de Dios se eclipsa —y también las posibilidades de su redescubrimiento— en el corazón de nuestro tiempo.

En el número anterior de Rumbos escribí acerca de uno de los rasgos más significativos del contexto cultural en el que desarrollamos nuestro existir: agnosticismo ambiental. No se trata, en la mayoría de los casos, de un ateísmo militante ni de una negación teórica de la existencia de Dios, sino de una forma de pensar y vivir en la que Dios, aun admitido como posible o incluso real, permanece ausente de la experiencia cotidiana.

 

Fe atávica: tradición recibida sin apropiación existencial

En estrecha relación con el agnosticismo ambiental, constatamos la presencia de una fe atávica, es decir, una fe recibida principalmente por tradición familiar y cultural, transmitida como legado identitario más que como experiencia personal de encuentro con Dios.

Esta fe tiene su asidero en la memoria de los antepasados y en prácticas heredadas que configuran la pertenencia religiosa. Sin embargo, en no pocos casos —especialmente entre las nuevas generaciones— dicha fe no ha sido asumida como opción consciente ni como adhesión existencial. Se conserva como referencia simbólica, como parte de la identidad, pero no necesariamente como principio que estructure la vida cotidiana.

En este contexto, las expresiones rituales —como la participación irregular en la Santa Misa o la solicitud de procesiones, bendiciones y otros sacramentales— aparecen como intentos de reestablecer un vínculo con el Dios percibido como distante. Se busca, a través del rito, “acercar” a Dios a la historia personal y colectiva, llamar su atención sobre las necesidades concretas y obtener su auxilio en situaciones específicas. No obstante, cuando la práctica ritual no va acompañada de una experiencia interior de fe y de una integración vital del Evangelio, corre el riesgo de reducirse a un recurso ocasional más que a una relación viva y transformadora.

Este fenómeno constituye un desafío pastoral decisivo: acompañar el paso de una fe meramente heredada a una fe personalmente asumida, celebrada y vivida en todas las dimensiones de la existencia.

 

 

Pbro. Felipe Pardo Fariña

Vicario Pastoral Diócesis de Rancagua.