
Con espíritu de servicio y profundo sentido eclesial, el padre Javier Menares fue nombrado asesor de la Pastoral Juvenil Diocesana de la Diócesis de Rancagua, según el decreto 10/2026 fechado el 24 de marzo de 2026. El encargo fue realizado por el obispo Guillermo Vera Soto, confiándole la misión de acompañar y fortalecer el trabajo pastoral con jóvenes en toda la diócesis.
El sacerdote relató que el nombramiento surge también a partir del trabajo que se ha venido desarrollando con los jóvenes en el Decanato Rancagua, experiencia que ha permitido consolidar procesos pastorales y generar espacios de encuentro con Jesucristo.
“Habíamos tenido algunas conversaciones sobre la posibilidad de asumir esta misión y finalmente se concretó durante el retiro pastoral. Creo que también es fruto del trabajo que hemos realizado con los jóvenes del decanato, donde se ha logrado una presencia sólida y comprometida”, comentó.
El padre Menares expresó además su gratitud por la confianza del pastor diocesano. “Me siento muy honrado por el llamado que ha hecho monseñor Guillermo y dispuesto a trabajar en comunión con él, con el vicario y con toda la Iglesia”, afirmó.
Fortalecer la Pastoral Juvenil en los decanatos
Entre las principales tareas que asumirá se encuentra el acompañamiento de las redes juveniles en los seis decanatos que conforman la Diócesis de Rancagua, además de impulsar la formación de equipos estables de Pastoral Juvenil en cada territorio.
Según explicó, uno de los desafíos es promover la presencia de coordinadores o asesores juveniles en cada decanato, de modo que se puedan consolidar equipos que permitan dar continuidad al trabajo pastoral con los jóvenes.
“La idea es que podamos generar un verdadero engranaje pastoral. Que un joven de Pichilemu pueda vivir una experiencia profunda de oración y encuentro con el Señor, pero también encontrarse con jóvenes de Rancagua u otros lugares de la diócesis. Lo importante es que exista comunicación y encuentro en torno a Jesucristo”, señaló.
En este proceso, la formación de agentes pastorales y el acompañamiento cercano a los jóvenes serán elementos fundamentales para fortalecer la vida comunitaria.
Experiencia al servicio de la misión
El sacerdote destacó que esta nueva responsabilidad se apoya en la experiencia acumulada durante años de trabajo pastoral junto a jóvenes en distintas comunidades de la diócesis.
“Todo lo que he vivido ha sido una experiencia que hoy me ayuda a enfrentar este desafío. Estamos llamados a acompañar a Jesús y a los jóvenes en su realidad”, expresó.
En ese sentido, el padre Menares subrayó que uno de los desafíos actuales de la Iglesia es comprender dónde se encuentran hoy los jóvenes y cómo acompañarlos en sus propias realidades.
“Muchas veces pensamos que los jóvenes no están en la Iglesia, pero sí están presentes en distintos espacios. La pregunta es dónde están y cómo podemos acompañarlos para que se encuentren con Cristo”, explicó.
Descubrir el carisma juvenil de la diócesis
Otro de los objetivos pastorales será reconocer el carisma propio que cada decanato posee en el trabajo con jóvenes, para así construir una identidad juvenil diocesana.
“Cada decanato tiene un carisma particular. Lo que queremos descubrir es cuál es el carisma juvenil que tiene cada uno y hacia dónde están los intereses de los jóvenes, para que puedan vivir una experiencia real con Jesucristo”, señaló.
En esa línea, recordó que las nuevas generaciones necesitan referentes que los orienten en su camino de fe, pero también comunidades que los acompañen en su proceso de crecimiento personal y espiritual.
“Hoy quizá faltan algunos referentes juveniles como antes, pero nuestro gran referente sigue siendo Jesús. A Él queremos anunciar y vivir con un espíritu joven”, añadió.
Encuentros juveniles y vida comunitaria
Aunque la planificación pastoral se definirá en una reunión prevista para el próximo 8 de abril, el nuevo asesor adelantó algunas iniciativas que desea fortalecer durante este año.
Una de ellas es la celebración de Pentecostés, que este año se celebrará el 23 de mayo, como una instancia profunda de oración y encuentro entre jóvenes de los distintos decanatos.
“Queremos vivir un Pentecostés fuerte, como las primeras comunidades cristianas, donde podamos reunirnos y pedir la acción del Espíritu Santo en nuestras comunidades”, explicó.
También se proyecta potenciar la celebración del Día del Joven Católico, el 15 de agosto, y el tradicional encuentro juvenil de Puquillay, previsto para noviembre.
Una Iglesia con rostro joven
Al finalizar, el padre Javier Menares compartió el sueño que anima su servicio pastoral: construir una Iglesia que camine con los jóvenes y que refleje esperanza en medio de la sociedad.
“Yo sueño con una Iglesia con rostro joven, con un Cristo que escucha y acompaña. Me gustaría que en nuestra Diócesis de Rancagua podamos formar jóvenes valientes, que descubran que la Iglesia no es algo accesorio, sino un camino que puede llenar la vida de sentido”, expresó.
Finalmente, el sacerdote dirigió una invitación a los jóvenes de la diócesis: “Los invito a ser valientes, a dejarse abrazar por Jesús y a descubrir la misión que Dios tiene para sus vidas”.