El padre José Guajardo Muñoz, párroco de la comunidad y director de la obra josefina de Murialdo, destaca el hermoso desafío de evangelizar en un contexto rural, acompañando a jóvenes, familias y adultos mayores.
Con una mirada pastoral marcada por el acompañamiento cercano y el trabajo con los jóvenes, el padre José Ismael Guajardo Muñoz, cumple su primer año como párroco de la Parroquia San José de Requínoa, una comunidad viva que forma parte de la obra josefina de Murialdo en la Diócesis de Rancagua.
Cuenta que esta la obra murialdina está compuesta por dos dimensiones fundamentales: el Liceo San José y la Parroquia San José, espacios donde la comunidad religiosa vive su carisma educativo y pastoral.
“Mi rol pastoral es acompañar y animar a nuestras comunidades. En las mañanas estoy muy presente en el colegio como capellán, acompañando al departamento de pastoral, y en las tardes me dedico más fuertemente al trabajo parroquial”, explica el sacerdote.
Esta doble presencia refleja el carisma de los Josefinos de Murialdo, profundamente ligado a la educación y al acompañamiento de los jóvenes.
Una parroquia con identidad comunitaria
Para el Padre José, asumir como párroco en Requínoa tiene además un significado especial. Él mismo es originario de la comuna y su camino de fe comenzó precisamente en esta parroquia. “Soy oriundo de esta comunidad. Mi formación en el camino de fe y sacramental nació aquí, por lo tanto conozco bien la idiosincrasia de Requínoa y el movimiento de esta parroquia”, comenta.
La Parroquia San José es muy extensa. Su territorio pastoral abarca gran parte del centro de Requínoa y cuenta con 13 capillas, que conforman una red de comunidades que viven la fe en distintos sectores rurales.
Según explica el sacerdote, la comunidad se caracteriza por su espíritu solidario y colaborador. “Es gente muy generosa. Cuando descubre que puede servir en la comunidad parroquial, se suma con mucha disposición. El desafío está en ese primer momento, en acompañar y motivar para que descubran su llamado bautismal”, señala.
El desafío de evangelizar hoy
Uno de los grandes retos pastorales que enfrenta la parroquia es la participación de los fieles en los procesos de formación cristiana. El sacerdote observa que muchas veces la vida sacramental se vive desde una perspectiva social más que desde un proceso profundo de fe. “Muchas veces se vive el bautismo, la primera comunión o el matrimonio porque toca hacerlo. Nuestra misión es catequizar, formar y educar en la fe, ayudando a redescubrir lo que significa ser bautizado y miembro de la Iglesia”, explica.
En ese contexto, la parroquia ha fortalecido la catequesis sacramental y el acompañamiento pastoral, especialmente en las comunidades y en el ámbito educativo.
Actualmente, los grupos de primera comunión en las capillas han disminuido en número, una realidad que también se observa en otras parroquias rurales.
Sin embargo, la presencia del Liceo San José permite mantener una importante participación de niños y jóvenes en la formación cristiana. “Como obra murialdina, el año pasado tuvimos alrededor de 120 niños que recibieron sacramentos, gracias también al trabajo pastoral que realizamos en el colegio”, comenta el sacerdote.
Evangelizar en el mundo educativo
Uno de los caminos que ha impulsado la parroquia es fortalecer la presencia pastoral en el ámbito escolar. Además del trabajo en el Liceo San José, la comunidad también acompaña a estudiantes de otros establecimientos, como el colegio Tricahue, donde se desarrolla catequesis y formación cristiana.
Esta iniciativa responde al llamado de la Diócesis de Rancagua a salir al encuentro de las personas y acompañarlas en sus propios espacios de vida. “Hoy muchas familias tienen una dinámica distinta. Ambos padres trabajan y muchas veces el colegio se transforma en el lugar más cercano para la formación en la fe. Por eso estamos llamados a ir al encuentro, acompañar y generar espacios de evangelización”, señala el sacerdote.
Pastoral Social y acompañamiento a adultos mayores
Uno de los ejes más consolidados es la Pastoral Social Murialdina, que integra Caritas parroquial y Pastoral de la Salud. Actualmente acompañan a cerca de 90 familias con canastas de alimentos y campañas mensuales solidarias.
El proyecto nació desde el colegio y hoy es parte activa de la parroquia. A ello se suma la visita sistemática a adultos mayores, muchos de ellos en sectores rurales. “Las voluntarias han comprendido profundamente su misión bautismal. Acompañan, escuchan, oran. Es una pastoral viva”, destaca. También apoyan a familias migrantes, especialmente trabajadores bolivianos vinculados a la fruticultura local, mediante ropero solidario y ayuda fraterna.
Una Iglesia que sale al encuentro
Para el Padre José, el desafío pastoral actual consiste en discernir cómo anunciar el Evangelio en medio de los cambios culturales y sociales que vive la sociedad. Inspirado en el llamado de la Iglesia a ser una Iglesia en salida, el sacerdote afirma que el camino es seguir acompañando con esperanza. “Evangelizar hoy implica mirar la realidad con realismo, pero también con confianza. El Señor nos sigue llamando a pastorear, convocar y animar la fe, especialmente en comunidades rurales como la nuestra”, concluye.