Parroquias fortalecen ser una “Iglesia en salida”

Lunes 02 de Marzo del 2026
• Comunidades de Lo Miranda, Pichilemu y Malloa impulsaron intensas jornadas de misión parroquial, con visitas a enfermos, evangelización puerta a puerta y fuerte protagonismo de jóvenes, matrimonios y religiosas en estas labores.
Un verano marcado por la misión territorial se vivió en distintas parroquias de la región de O’Higgins, donde la Iglesia salió al encuentro de las familias, los enfermos y los alejados de Dios. Con iniciativas diversas, pero un mismo espíritu evangelizador, las comunidades de Lo Miranda, Pichilemu y Malloa fortalecieron su presencia eclesial en clave de ser una “Iglesia en salida”.
En la Parroquia Asunción de María de Lo Miranda, el triduo misionero desarrollado entre el 11 y el 15 de febrero tuvo un significado especial. La instancia se enmarcó en la celebración de los 25 años de vida consagrada de la hermana Marisol Pérez, religiosa de las Misioneras de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora de Lourdes, quien quiso conmemorar su aniversario sirviendo en terreno.
Para ello convocó a dos religiosas provenientes de Brasil y a una misionera laica de su congregación. Acogidas por familias de la comunidad, trabajaron junto a cerca de diez jóvenes de la parroquia y al grupo de ayuda fraterna. La misión comenzó con la celebración de la Santa Misa por el día de Nuestra Señora de Lourdes y el cierre de la novena en la capilla dedicada a la Virgen.
Durante los días siguientes, los misioneros recorrieron distintos sectores realizando visitas a enfermos y adultos mayores. Se llevó la Sagrada Comunión, se rezó el Santo Rosario en los hogares y se generaron espacios de diálogo pastoral. Cada jornada iniciaba con la coordinación de los sectores a visitar y concluía con momentos de oración comunitaria y evaluación misionera.
El párroco, presbítero Gabriel Becerra Ortiz, valoró especialmente el impacto en la pastoral juvenil. “El contacto con personas frágiles marcó profundamente a los jóvenes”, señaló, destacando que esta experiencia abre la puerta a consolidar la visita a los enfermos como eje permanente de la acción pastoral en la localidad.
 
 
 
Misionando en la playa
En la costa, la Parroquia Inmaculada Concepción de Pichilemu desarrolló una significativa semana misionera, entre el 8 y el 15 de febrero, junto al Carmelo Misionero Seglar, asociación internacional de fieles vinculada a las Carmelitas Misioneras del Padre Palau. La delegación estuvo integrada por tres religiosas y trece laicos provenientes de Colombia, Perú y diversas ciudades de Chile.
El trabajo se centró en la evangelización puerta a puerta en sectores como Pueblo de Viudas, El Carmen, Infiernillo y Playa Hermosa. Cada jornada incluyó momentos de oración comunitaria, envío misionero y evaluación pastoral. La misión culminó en la parroquia San Andrés de Ciruelos, donde se conserva una reliquia de primer grado del beato Francisco Palau, fundador de la congregación.
El párroco, padre Claudio Fuenzalida Piña, subrayó que esta presencia internacional reafirma el dinamismo evangelizador en una comuna en constante crecimiento demográfico. Asimismo, destacó que la misión permitió constatar realidades diversas: menor práctica religiosa en algunos sectores, pero también testimonios firmes de fe en medio de situaciones complejas.
 
 
 
 
Evangelización familiar
En Malloa, la parroquia y Santuario San Judas Tadeo se vivió una misión de verano impulsada por el Movimiento de Schoenstatt que comenzaron el 30 de enero y finalizaron tras una semana de intenso trabajo. Con 127 misioneros provenientes del Santuario Los Pinos de Viña del Mar, entre los cuales había siete matrimonios, un sacerdote, una hermana y el resto jóvenes de 15 años en adelante que participaron de la evangelización familiar.
Por segundo año consecutivo, la misión se ha desplegado en los sectores de Corcolén, Cantarrana y San Pedro, sumándose en esta oportunidad la comunidad de Sal Si Puedes, ampliando así el alcance pastoral de la obra. La labor evangelizadora se ha centrado en la misión puerta a puerta, desarrollada en la mañana y en la tarde, integrando activamente a niños, jóvenes y adultos.
El párroco, padre Luis Antonio Piña Vargas, valoró esta instancia como un verdadero regalo para la comunidad. “Son familias que evangelizan a otras familias”, expresó, destacando la fuerza testimonial de una fe vivida en lo cotidiano.
Las jornadas han incluido visitas domiciliarias, actividades recreativas, una obra de teatro, un bingo comunitario y una procesión de cierre como signo de gratitud por los frutos espirituales recibidos.
En conjunto, estas experiencias confirman que la Diócesis de Rancagua continúa consolidando una pastoral territorial, cercana y comprometida, donde la misión no es un evento aislado, sino una forma concreta de vivir el Evangelio en medio de la realidad local.