Diócesis de Rancagua despidió a monseñor Miguel Caviedes Medina

Miércoles 31 de Diciembre del 2025
Con profundo recogimiento y fe en la resurrección, la Diócesis de Rancagua despidió el viernes 26 de diciembre a monseñor Miguel Caviedes Medina, obispo emérito de Los Ángeles, quien falleció en la ciudad de Rancagua, dejando una huella imborrable de servicio, cercanía pastoral y amor a la Iglesia.

A los 95 años de edad y con 70 años de sacerdocio partió al encuentro con el Padre, monseñor Miguel Caviedes Medina, obispo emérito de Los Ángeles, quien falleció el 26 de diciembre en Rancagua. A las 12:00 horas, en la Parroquia San Francisco de Asís, se celebró una Santa Misa en su memoria, presidida por el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera, y concelebrada por los obispos Cristián Roncagliolo y Pedro Ossandón, junto a numerosos sacerdotes y diáconos. Familiares, amigos y fieles participaron de la Eucaristía para orar por su eterno descanso y agradecer a Dios por su vida y ministerio.

Durante la celebración, monseñor Vera expresó palabras de gratitud por el camino pastoral del obispo fallecido: “Damos gracias por su ministerio sacerdotal, por su entrega generosa, acompañando la vida de tantos jóvenes, familias, catequistas y diversas comunidades que se alegraron de tenerlo como su pastor”.

La homilía estuvo a cargo de su sobrino, el sacerdote Fernando Caviedes, quien recordó la profunda fe que marcó a su familia, destacando que fue una verdadera cuna de hombres y mujeres consagrados, y subrayó el legado de servicio y amor a la Iglesia que caracterizó la vida de monseñor Miguel Caviedes, dando a conocer vivencias lo que marcaron profundamente en su propio camino vocacional.

Durante la tarde de ese mismo viernes, sus restos mortales fueron trasladados a la Diócesis de Santa María de los Ángeles, para la celebración de sus exequias y posterior sepultura.

 

Un sacerdote para siempre

Monseñor Miguel Caviedes Medina nació en Coltauco el 30 de enero de 1930, siendo el tercero de once hermanos. A los 10 años ingresó al Seminario Cristo Rey de Rancagua, continuando luego su formación en el Seminario Pontificio de Santiago. Estudió Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile, y fue ordenado sacerdote el 18 de septiembre de 1954 por monseñor Eduardo Larraín.

Recordaba con especial emoción el día de su ordenación, coincidente con las Fiestas Patrias, cuando mientras en la plaza se izaba la bandera, él respondía con convicción: “¡Presente!”.

A lo largo de su ministerio sacerdotal sirvió en diversas responsabilidades pastorales, entre ellas: profesor de Religión en el Liceo de Hombres de Rancagua y asesor de la Juventud Estudiantil Católica (1957–1970); párroco de la Catedral de Rancagua (1963–1965); asesor de diáconos y animadores de comunidades cristianas; vicario pastoral de la diócesis; asesor diocesano de catequesis; miembro del Departamento Nacional de Comunidades y Ministerios de la CECh; y párroco de Pichidegua.

El 30 de octubre de 1982, el Papa San Juan Pablo II lo nombró Obispo de Osorno, siendo consagrado el 19 de diciembre de 1982 en la Catedral de Rancagua por monseñor Alejandro Durán. En 1994 fue nombrado Obispo de Los Ángeles, diócesis donde desarrolló un fecundo ministerio episcopal, impulsando la creación de parroquias en sectores rurales y fortaleciendo la evangelización a través de la revista pastoral Surcos.

Tras su retiro en 2006, regresó a Rancagua, donde colaboró activamente junto a monseñor Alejandro Goic, acompañando especialmente a los diáconos permanentes.

 

Exequias en la Diócesis de Santa María de los Ángeles

La Misa de Exequias se celebró el sábado 27 de diciembre, a las 19:00 horas, en una Catedral colmada de fieles, en un ambiente de profunda fe, oración y gratitud. La Eucaristía fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Cristián Castro Toovey, junto al cardenal Celestino Aós Braco y al obispo emérito Felipe Bacarreza Rodríguez, reflejando la comunión eclesial y el cariño hacia quien fuera pastor cercano y padre espiritual durante más de una década.

Tras la misa, una procesión recorrió la Plaza de Armas y finalmente sus restos fueron sepultados en la cripta de la Catedral, bajo el altar central, cumpliendo su deseo.

La Diócesis de Rancagua agradece a Dios la vida de fidelidad, servicio y amor a la Iglesia de monseñor Miguel Caviedes Medina, confiando en que Cristo Buen Pastor lo ha recibido en su Reino, y que su testimonio seguirá dando frutos en el caminar pastoral de nuestras comunidades.