La Virgen María con su bello canto del Magnificat, después de proclamar la grandeza del Señor, de acuerdo con la tradición bíblica, expresa su Fe en el Nombre Santo de Dio ,s rico en misericordia y justicia con su pueblo peregrino.
También nosotros, como Iglesia Diocesana de Rancagua en la fiesta del Centenario al unísono con María, jubilosos alabamos y bendecimos el Nombre del Señor, el único que hace maravillas. Seguimos haciéndolo durante el Mes de María y sobre todo en la Liturgia, proclamando al tres veces Santo y esperado de todos los tiempos: Bendito Adviento ¡Que su gloria llene la tierra!
La Santa Madre de Dios, con el espíritu del Magnificat, nos acompaña para acoger la salvación traída por Jesús de Nazaret, con un corazón de pobre, y gozar del privilegio de los humildes y sencillos que saben volver la mirada hacia el Hijo de Dios, único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim.2,5).
Como hijos de María, la criatura llena de gracia que refleja como espejo la Majestad de Dios, estamos llamados a la santidad, una meta posible para todos. "Lo mejor está por venir". Mientras tanto seguimos rezando "santificado sea tu Nombre", con una esperanza activa que nos facilita ser por ahora reflejos débiles, pero apoyados por una Madre que no se cansa de esperar.
Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia, nos dejó su enseñanza: "No puedes ser medio santo. Debes ser un santo completo, o no ser santo en absoluto ". Así sea.