Los rostros alegres, los cantos y las banderas parroquiales reflejaban el gozo de los fieles que llegaron el domingo 9 de noviembre hasta el Estadio Municipal de San Fernando, que se transformó por una tarde en un gran templo al aire libre para conmemorar el Centenario de la diócesis, una fiesta de fe marcada por la oración, el espíritu de agradecimiento y la unidad del pueblo de Dios.
Fueron más de cinco mil personas, provenientes de toda la Región de O’Higgins, las que se congregaron en el recinto para participar en una jornada de acción de gracias, cuyo centro fue la Eucaristía, presidida por Monseñor Guillermo Vera Soto, obispo diocesano.
Las gradas del estadio mostraban los colores distintivos de cada decanato: rojo, amarillo, naranja, blanco, rosado y verde. En tanto que un escenario central, en la cancha, congregaba las miradas.
La celebración se inició con una procesión solemne en la que fueron presentadas las imágenes de la Virgen María en sus diversas advocaciones (Inmaculada, Nuestra Señora de La Merced, Nuestra Señora del Carmen), Santa Rosa de Lima, San Andrés, San Expedito y San Judas Tadeo. Todas ellas suscitan gran devoción en los fieles. Acompañaron este caminar cuasimodistas, cantores a lo divino, distintas pastorales, movimientos laicales, estudiantes y parejas de cueca, unidos en un mismo espíritu de fe. Se quiso representar la diversidad de carismas y manifestaciones de fe, que existen en esta tierra.
La música tuvo un lugar especial en la celebración. La cantautora Marcela Gael interpretó el “Himno del Centenario”, también participaron el Coro de Marchigüe y el grupo Telares de Doñihue. El Conjunto Folclórico de Doñihue ofreció la “Cueca del Centenario”, que fue bailada por cien parejas, en un gesto que unió la devoción y la identidad cultural de la región.
La Santa Misa, que estuvo acompañada por el Coro Centenario, comenzó con una significativa presentación de los signos litúrgicos: el mantel llevado por las Hermanas de los Institutos Seculares, las flores y cirios presentados por religiosas de distintas congregaciones, y el Cristo entronizado por los hermanos Trapenses.
Uno de los momentos más conmovedores fue el ingreso, en manos de los sacerdotes más antiguos de la diócesis, de la reliquia de la Santa Cruz, fragmento del madero donde murió nuestro Señor Jesucristo, que durante el año jubilar peregrinó por las comunidades diocesanas como signo de fe y conversión. Su presencia recordó a los fieles que la cruz es fuente de vida y salvación.
Frutos de esta tierra
En su homilía, Monseñor Guillermo Vera invitó a toda la comunidad a mirar el futuro con esperanza, reconociendo el camino recorrido con gratitud y fidelidad. “Celebrar cien años es reconocer la acción de Dios en medio de su pueblo, agradecer el testimonio de tantos sacerdotes, religiosas, laicos y familias que han hecho posible esta historia de fe”, señaló el pastor diocesano.
El obispo destacó el rol de la Iglesia en la educación, en el acompañamiento de los más pobres y en el fortalecimiento de las familias, pilares fundamentales que han sostenido la misión diocesana. También hizo hincapié en que la diócesis ha entregado más de 700 sacerdotes a la Iglesia universal, signo del fruto espiritual que ha brotado de esta tierra.
Un momento de especial emoción se vivió durante la Eucaristía, cuando tres sacerdotes fueron distinguidos como Capellanes de Su Santidad: Monseñor Bernabé Silva Durán, Monseñor José Miguel Ortiz y Monseñor Francisco Cáceres Vargas, reconocimiento que expresó la comunión con el Santo Padre León XIV y la gratitud por su fiel servicio pastoral.
Las ofrendas presentadas por los distintos decanatos representaron la riqueza y diversidad de la región: pasteles de Codegua, artesanías en mimbre, frutas, sal, lácteos y cobre, símbolos de trabajo, identidad y fe.
La celebración fue transmitida en directo por Radio Rumbos, Radio Santa Cruz, Radio Santa Rosa de Pelequén, Radio María Chile y las redes sociales del Obispado de Rancagua, permitiendo que miles de personas pudieran unirse espiritualmente a esta acción de gracias.
Al concluir la misa, Monseñor Vera expresó su alegría: “Ha sido una fiesta de la fe, una Iglesia viva. Damos gracias al Señor porque sigue actuando en medio de nosotros. Que los creyentes demos testimonio del Jesús vivo que transforma nuestros corazones”.
El obispo añadió: “Este Centenario nos impulsa a mirar hacia adelante, hacia los 500 años de evangelización en esta tierra del Libertador Bernardo O’Higgins. Cuidemos nuestra fe y que nuestras familias sigan siendo cristianas, llenas del amor de Dios”.
Así, la Diócesis de Rancagua, con el corazón lleno de gratitud, celebró un siglo de vida, misión y esperanza, renovando su compromiso de seguir caminando como Pueblo de Dios, guiados por el Espíritu Santo y bajo la protección maternal de la Santísima Virgen María.