
En el contexto del Mes de la Solidaridad, y cuando se cumplen más de tres meses del fallecimiento del Papa Francisco, revista Rumbos conversó con conversó con Enrique Cruz Ugarte, presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC), sobre el legado social y espiritual del Papa Francisco, especialmente en relación con el mundo empresarial, y sobre los desafíos que plantea el recién iniciado pontificado de León XIV.
Enrique Cruz, explica que la USEC —fundada hace 77 años por inspiración de San Alberto Hurtado— busca promover una forma de hacer empresa centrada en la dignidad humana y el bien común. “Somos una red de empresarios, ejecutivos y emprendedores cristianos que creen que la doctrina social de la Iglesia es no solo una obligación moral, sino también una estrategia empresarial inteligente y profundamente humana”, explicó.
Un Papa con “olor a trabajo”
Durante su pontificado, el Papa Francisco interpeló con fuerza al mundo empresarial, recordando la responsabilidad social de quienes lideran organizaciones productivas. “El Papa decía que los empresarios deben tener “olor a trabajo”, conocer a sus trabajadores, recorrer las plantas, estar presentes en la vida laboral real. No se trata de ver al trabajador como un recurso más, sino como una persona que necesita ser visibilizada, reconocida y acompañada para desplegar sus talentos”, señaló Cruz.
Indica que lejos de ser un Papa “antiempresa”, como algunos lo caricaturizaron, Francisco habló del empresariado como una “noble vocación”. “Él entendía que un buen trabajo transforma la vida de las personas, y ese trabajo muchas veces nace del emprendimiento privado. El Papa no negaba las dificultades, incluso habló del sufrimiento de los empresarios cuando sus proyectos fracasan, algo que rara vez se considera públicamente”, comentó el entrevistado.
Por ello, destacó que la asociación promueve una visión cristiana del trabajo: “Vivir los valores del Evangelio en la empresa es también una estrategia de sostenibilidad. Hace 40 años algunos se reían de la doctrina social porque creían que el único fin de la empresa era generar utilidades. Hoy sabemos que eso no basta: para perdurar, una empresa debe ser humana, responsable, y cuidar a sus trabajadores, al entorno y al medioambiente”, enfatiza.
Desde USEC, esta visión se traduce en múltiples iniciativas: mentorías, foros de buenas prácticas, grupos de trabajo por áreas, seminarios y círculos de gerentes que reflexionan sobre cómo implementar los principios cristianos en la gestión diaria. “Queremos empresas altamente productivas, pero también plenamente humanas”, afirma Cruz.
Laudato Si’ y el cambio cultural
La encíclica Laudato Si’, publicada por Francisco en 2015, marcó un antes y un después en la reflexión sobre sostenibilidad y cuidado del medioambiente. “Nos vino como anillo al dedo —señaló Enrique Cruz— porque puso en la palestra un tema que la Iglesia ya venía trabajando desde hace más de un siglo. El Papa nos recordó que el cuidado de la ‘casa común’ es tarea de todos, también del mundo empresarial”.
Por ello valoró especialmente el enfoque científico y transversal de Laudato Si’: “No fue una carta escrita solo para los católicos. El Papa habló con fundamento, con datos y con una visión que conecta directamente con la actividad empresarial. Hoy, una empresa que se dice sostenible, tiene que tener entre sus prioridades el respeto por el entorno y las comunidades”.
León XIV: puentes entre tradición y futuro
En cuanto al recién iniciado pontificado de León XIV, el dirigente expresó su entusiasmo por las señales que ha dado el nuevo Papa. “Fue una sorpresa para todos. El hecho de que tome el nombre de León —como León XIII, autor de Rerum Novarum, la primera gran encíclica social— es un gesto potente. Esa encíclica hablaba ya en 1891 del rol del empresario, de la propiedad privada, de la dignidad del trabajo. Y está absolutamente vigente”, dijo.
Pero también ve en el nuevo pontífice una continuidad espiritual con Francisco. “El nombre León también evoca al hermano León, el fiel compañero de San Francisco de Asís. Este Papa parece querer tender puentes: entre misericordia y verdad, entre tradición y actualidad, entre el centro y las periferias. En un mundo tan individualista, su mensaje puede ayudarnos a reencontrar el sentido del trabajo como espacio de encuentro, servicio y amor”, afirmó Cruz.