Muy queridos hermanos y hermanas:
Hoy los quiero invitar a orar por tres intenciones. Este domingo celebramos el Domingo Universal de las Misiones, cuando la Iglesia, extendida por toda la tierra, reza por algo que le es propio: evangelizar, llevar la Buena Noticia a todos los lugares del mundo.
Todos nosotros, por el hecho de ser bautizados, tenemos que sentirnos invitados a esta tarea. Y hemos de procurar que comience en el interior de nuestra familia, transmitiendo la fe, enseñando a rezar y ayudando a las nuevas generaciones a conocer a Jesucristo y a querer vivir de acuerdo con el Evangelio.
Ese deseo de que otros conozcan al Señor hemos de mantenerlo también en los ambientes donde nos movemos, donde trabajamos y donde realizamos nuestras tareas. Debemos procurar mostrar nuestra fe y vivir aquello que Jesús nos dice: «Brille la luz que hay en ustedes para que la gente, al ver las cosas buenas que ustedes hacen, glorifique al Padre que está en el cielo».
Serán nuestras palabras y nuestras obras las que moverán a muchos a creer en el Señor Jesús.
La Iglesia nació para evangelizar. Nosotros, por gracia de Dios, hemos conocido el Evangelio y hemos nacido a la vida de la Iglesia desde los primeros días de nuestra vida, y por eso damos gracias al Señor. Pero nuestra mirada debe estar puesta también en el mundo entero. Como creyentes, hemos de querer que toda la gente conozca al Señor, porque nosotros hemos experimentado y podemos decir con el salmista: «Para mí lo bueno es estar cerca del Señor y hacer del Señor mi refugio».
Sabemos que conocer a Jesucristo es lo mejor que nos ha podido pasar. Pues bien, eso mismo hemos de querer para los demás.
La Iglesia siempre ha tenido una fuerte impronta misionera, con este deseo de evangelizar y de ir a otros lugares. A lo largo de la historia, ¡cuántos hombres y mujeres han dejado su patria y su familia para ir a evangelizar y llevar esta Buena Noticia!
Hoy la Iglesia continúa esta misión en lugares lejanos y también en otros muy cercanos, porque, a veces, muy cerca de nosotros todavía hay personas que no conocen al Señor. Pensamos con cariño y agradecimiento en aquellos hermanos y hermanas misioneros que, en lugares lejanos, quizás con climas complicados y culturas diferentes, están presentes con su trabajo, anunciando a Jesucristo.
Rezamos por esta tarea misionera, para que produzca muchos frutos. También este domingo, en todas las comunidades católicas del mundo, hacemos nuestro aporte económico para ayudar a esta misión de la Iglesia.
Cuando la Iglesia llega a misionar, llegan misioneros a anunciar a Jesucristo y también llevan consigo escuelas, que permitan formar a las personas; lugares donde se puedan prestar primeros auxilios; y muchas otras iniciativas que contribuyen a promover a las comunidades y a ayudar a las personas a descubrir la infinita dignidad que tienen. Todo eso requiere recursos. Por eso, también los invito a apoyar económicamente esta tarea.
Nuestra segunda intención es rezar por el Santo Padre
Hemos sabido que el Santo Padre ha sido sometido a una operación que, gracias a Dios, salió bien. El Papa va evolucionando favorablemente, pero toda operación y todo tratamiento llevan consigo sus riesgos. Por eso mismo, acompañamos al Papa León XIV
con nuestra plegaria llena de fe y cariño, para que el Señor lo sostenga y lo fortalezca.
Recordamos aquel episodio que nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando Pedro fue apresado y toda la comunidad creyente rezaba incesantemente para que fuera liberado.
Hoy, con esa misma fe y esperanza, miles y millones de católicos que queremos al Papa y lo reconocemos como nuestro padre en la fe, rezamos por él y por su salud. Pedimos que sienta el amor de Dios en su vida y que reciba la fortaleza necesaria para recuperarse, con la gracia y el auxilio del Señor.
Una tercera intención: el clima.
Este clima que estamos viviendo hoy nos asombra. ¡Qué bueno sería que las lluvias fueran beneficiosas y oportunas! Sin embargo, se han prolongado, hemos tenido tormentas y granizos, y se nos anuncia que seguirá lloviendo en nuestra patria.
Pensemos en nuestra Diócesis de Rancagua, que basa gran parte de su economía en el campo. Cuántos de ustedes, hermanos y hermanas, trabajan en él, viven en los campos y, con su esfuerzo y trabajo, hacen producir esta hermosa tierra que el Señor nos ha dado. Pero, ante este clima adverso, surge una situación preocupante: las siembras se van postergando y las cosechas que se esperan también pueden peligrar.
Recemos, porque creemos en el poder de la oración. En los libros de misa, en los misales, hay una plegaria especial para pedir por el buen tiempo, por las siembras y por las cosechas.
Yo les invito a que, en nuestra oración personal, en nuestra oración familiar y en nuestra oración comunitaria como Iglesia, recemos por el buen tiempo, para que se pueda sembrar y tengamos buenas cosechas.
De esto dependen muchos puestos de trabajo. En esta época comenzaba a reactivarse la economía del campo y se empezaba a contratar gente para las nuevas fuentes laborales que iban surgiendo. Hoy, todo eso se va aplazando y, sin duda, es una situación que debe preocuparnos y mantenernos muy atentos, para ver cómo podemos ayudar y acompañar a aquellas personas que puedan vivir situaciones difíciles, precisamente porque no cuentan con el trabajo que necesitan.
Tres intenciones por las cuales rezar insistentemente: por las misiones, rezando con cariño por el Papa y pidiendo al Señor que nos regale un tiempo favorable, que permita que nuestros campos den frutos abundantes.
¡Que Dios les bendiga mucho!
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua