Palabras del Pastor

Celebremos a San Lorenzo, modelo de servicio

En el día en que la Iglesia recuerda a San Lorenzo, diácono y mártir, el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera, envía un saludo a los 70 diáconos permanentes que hay en nuestra diócesis y a los trabajadores de la minería.

Cada año, el 10 de agosto, la Iglesia celebra la memoria de San Lorenzo, diácono, patrono y modelo de los diáconos que sirven en nuestras comunidades.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles leemos cómo, ante el creciente trabajo de los Apóstoles, estos decidieron dedicarse de manera especial a la predicación. Por ello eligieron a algunos hombres de buena fama entre los cristianos y les encomendaron la tarea del servicio y la caridad en medio de la comunidad. Así surgieron los primeros siete diáconos, cuyos nombres conocemos, y cuya primera misión fue atender a las viudas y a los huérfanos en sus necesidades.

A lo largo de los siglos, este ministerio quedó reducido, en la práctica, a una etapa previa a la ordenación sacerdotal. Sin embargo, fue el Concilio Vaticano II el que restituyó al diaconado permanente un papel fundamental y distintivo en la vida de la Iglesia. Su importancia radica en que el diácono es, por excelencia, el servidor sacramental que encarna la misión de Cristo Siervo.

Su relevancia puede comprenderse a través de tres dimensiones principales:

  • El ministerio del servicio (diaconía)

La esencia del diaconado es el servicio. Esta vocación recuerda a toda la comunidad cristiana que la Iglesia no existe para sí misma, sino para servir al mundo, especialmente a los más necesitados. El diácono hace presente a la Iglesia en ámbitos como los hospitales, las cárceles, las periferias sociales y el mundo laboral.

  • Puente entre la jerarquía y el pueblo

El diácono permanente actúa como un puente entre la jerarquía y el pueblo de Dios. Al ser, en muchos casos, hombres casados, con familia y profesión, viven inmersos en la realidad cotidiana de los laicos. Esto les permite:

En el mundo: llevar la fe y la presencia de la Iglesia a la vida civil, profesional y familiar.

En la Iglesia: acercar las necesidades, los desafíos y la realidad del mundo cotidiano al corazón de la comunidad cristiana y a la atención de los obispos y presbíteros.

  • El triple ministerio

El diácono participa del sacramento del Orden y su misión se despliega en tres ámbitos:

La Palabra: proclama el Evangelio y tiene la facultad de predicar, acercando el mensaje de Cristo a la realidad actual de las personas.

La Liturgia: asiste al obispo y al presbítero en el altar, distribuye la Eucaristía, celebra bautismos, asiste y bendice matrimonios y preside exequias. Su presencia en la liturgia es una constante invitación a la comunidad a vivir la caridad.

La Caridad: es el ámbito donde su ministerio se hace más visible. El diácono anima la caridad en la comunidad, promoviendo el cuidado de los pobres y de quienes viven en situación de vulnerabilidad, procurando que la fe se traduzca en obras concretas.

La importancia del diácono permanente radica en que hace visible la naturaleza servidora de toda la Iglesia. Su presencia no constituye simplemente una ayuda para el sacerdote, sino una vocación específica que recuerda constantemente a la comunidad que el centro de la vida cristiana es el amor al prójimo. En un mundo fragmentado, el diácono es un signo de unidad y de la presencia cercana de Dios en las realidades más sencillas y humanas.

En nuestra Diócesis de Rancagua son 70 los varones casados que han sido ordenados diáconos permanentes y que sirven generosamente en sus comunidades parroquiales y también en los lugares donde desarrollan sus labores profesionales, dando, junto a sus esposas y familias, un hermoso testimonio de fe cristiana. Esperamos que, dentro de poco, un nuevo grupo de hermanos pueda acceder a este importante ministerio de servicio. Damos gracias a Dios por nuestros diáconos y rezamos por ellos y por sus familias.

El día de San Lorenzo es también el Día del Minero, que lo tiene como su especial patrono. Encomendamos de manera especial a los hombres y mujeres que trabajan en la minería, una labor de gran importancia para el desarrollo y el bienestar de nuestra nación. Oremos por todos ellos y pidamos al Señor que ilumine con sabiduría a quienes deben tomar decisiones, para que puedan impulsarse proyectos que favorezcan una mayor producción, el cuidado de las personas y la creación de fuentes de trabajo dignas y seguras.

+ Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua