Palabras del Pastor

Un llamado a orar y apoyar la misión del Santo Padre

En su mensaje para la solemnidad de San Pedro y San Pablo, monseñor Guillermo Vera recuerda el papel del Papa como sucesor de San Pedro e invita a los fieles a unirse al Óbolo de San Pedro, expresión de solidaridad con la misión de la Iglesia.

Muy queridos hermanos y hermanas:

El próximo 29 de junio celebraremos la solemnidad de los apóstoles San Pedro y San Pablo, columnas de la Iglesia. En nuestra diócesis, especialmente en las parroquias de Pichilemu y Bucalemu, perteneciente a la parroquia de Paredones, esta fiesta cobra un significado especial, al acompañar la vida y el trabajo de nuestros hermanos pescadores, que recuerdan a aquel pescador de Galilea en quien el Señor Jesús fijó su mirada y a quien invitó a seguirlo.

Cada año, por estas fechas, como Iglesia universal recordamos con especial cariño y acompañamos con nuestra oración al Santo Padre, el Papa, Vicario de Cristo, sucesor de San Pedro y obispo de Roma.

En la vida de fe de nosotros, los católicos, hay tres amores blancos que llenan de alegría nuestros corazones. Amamos a Jesús, presente en la blanca hostia de la Eucaristía; a la Virgen Santa, de pureza inmaculada; y al Papa, pastor universal que, con su sotana blanca, nos hace cercana la presencia de Jesús, el Buen Pastor.

Para nosotros, los cristianos católicos, el Papa es el pastor universal, la cabeza visible de la Iglesia, quien con sus gestos y palabras nos hace sentir la presencia amorosa de Jesús. Por todo esto lo queremos y, porque sabemos la importancia de su misión, no solo para los creyentes sino también para el mundo entero, rezamos diariamente por él con especial devoción. Todo católico que se sabe miembro de la Iglesia siente un especial cariño y respeto por el Papa y permanece atento a sus enseñanzas de pastor.

Hoy el Papa es León XIV. Lo hemos visto alzar la voz por el fin de la guerra, por la defensa de la vida y por los migrantes. Lo hemos visto unir la sencillez y la humildad con la fortaleza y la valentía para hablar a los poderosos de este mundo, convirtiéndose así en un baluarte moral de nuestro tiempo. Apoyemos su misión con nuestra oración.

La Iglesia es el Pueblo de Dios que camina por esta tierra al encuentro del Señor. Mientras peregrinamos, tenemos la misión de dar testimonio del amor y de la caridad de Dios para con todos los hombres y mujeres que habitan este mundo. La Iglesia quiere ser, en medio de una sociedad tantas veces dividida por las guerras y las discordias, un instrumento de unidad, de concordia y de paz.

Por eso hemos de procurar crecer en la fidelidad al Evangelio y, al mismo tiempo, compartir con caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de todas las personas. Por ser fieles a estos nobles ideales, cada comunidad —diócesis, parroquias, capillas y grupos de Iglesia— busca ayudar y acompañar la vida de toda la gente, especialmente en los momentos de dolor, mediante diversas obras de caridad y servicio.

Como Iglesia universal queremos hacer lo mismo. Es así como, en tantas situaciones de dolor o de catástrofe, la Iglesia se hace presente llevando consuelo y ayuda. Siempre el Papa, en nombre de toda la comunidad de los creyentes, hace sentir la cercanía y la caridad de la Iglesia hacia quienes sufren en las más diversas circunstancias.

Para poder realizar esta misión, cada año, en la fiesta de San Pedro, los creyentes de todo el mundo aportan generosamente con una ayuda económica para que el Papa pueda hacer efectiva la caridad de toda la Iglesia. Esta ofrenda recibe el nombre de Óbolo de San Pedro.

Entre nosotros, cuando alguien está de fiesta, le llevamos un regalo. Como creyentes, en estos días también regalamos al Papa algo de lo nuestro, para que él, en nombre de todos, pueda hacer el bien y llevar un poco de alegría y esperanza a quienes sufren.

Como obispo, entonces, les animo a que, junto con rezar siempre por el Papa y por su misión, lo apoyemos también en esta oportunidad, siendo generosos con nuestro donativo para que él, en nombre de todos, pueda hacer el bien y hacer sentir a tantos que sufren que Dios no se olvida de ellos.

 

 

Les bendigo con cariño.

 

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua