Palabras del Pastor

Padres según el corazón de Dios

En la celebración del Día del Padre, el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera nos invita a descubrir en Dios el modelo de amor, cuidado y fidelidad que inspira toda auténtica paternidad.

Queridos amigos y amigas:

Estaremos de acuerdo en que el vínculo más fuerte que se da entre los seres humanos es el que se establece entre un padre y su hijo; y entre una madre y sus hijos e hijas.

Hay una relación de amor profundo, una corriente de mutua simpatía, de cuidado, de ternura, de caricias, de ayudas y de apoyos que van llenando la vida cotidiana. Y esta relación es tremendamente marcadora en la vida de todas las personas.

Traigo a colación esto porque en estos días celebraremos el Día del Padre. Y qué mejor, entonces, que a la luz de la fe, poder hablar de la importancia de esa misión que tantos hermanos nuestros tienen en su vida.

Para eso, qué mejor que mirar al Padre de todos nosotros, que es Dios mismo. Sí, Jesucristo, el Señor, nuestro Dios y Salvador. Él, cuando nos habla de cómo es Dios, nos lo muestra precisamente como un Padre; y como un Padre a quien Él trata con mucho cariño con aquellas palabras: «Abba, Papito querido».

Así también a nosotros nos invita a decir lo mismo y nos enseña a rezar en esa oración de confianza y de abandono que todos rezamos a diario y que es el Padre Nuestro, confiándole todo lo que es nuestra vida, y sabiendo colocar en Él toda nuestra esperanza.

Sí, el Padre Dios nos da la vida; el Padre Dios nos cuida, nos perdona, nos corrige, nos enseña, nos acompaña, nos espera y nos ama. De ello estamos seguros, y es lo que Jesús vino a enseñarnos, lo que nos llena de agradecimiento y de felicidad.

Sí, como creyentes nos sabemos fundamentalmente hijos, y esa experiencia es la que tenemos que cultivar. Ella nos llevará a abandonarnos y a confiar en este Dios y Padre. Este Dios del cual nos ha hablado Jesucristo es un Dios que nos ama, y eso, sin duda, es muy sanador para todos nosotros. Es importante saber que el amor que Dios tiene por nosotros es un amor incondicional, gratuito y eterno. Dios nos ama porque es nuestro Padre, porque nosotros somos sus hijos.

La mayor prueba del amor que Dios nos tiene es que Él nos entregó a su propio Hijo. "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna". Pues bien, a ese amor de Dios corresponde nuestra respuesta, y eso es amar a Dios; no tener ante Él una relación de esclavos ni de siervos, sino una relación de hijos que saben colocar en Él su confianza y su esperanza.

 

La gracia de ser padre

Ante esta realidad de este Dios que es Padre, cómo no decirte a ti, que realizas en esta tierra esa misión también, y recordarte que la paternidad es un medio privilegiado para que un hombre se realice amando a sus hijos, dando la vida por ellos, educándolos, formándolos como personas y alentándolos a lo largo de toda su existencia.

Para un hijo también, contar con un padre es una gracia inmensa. El hecho de que un hijo pueda tener a su padre presente, guiándolo por el camino del bien, dándole seguridad, respetando su maduración, a veces no exenta de equivocaciones. Pero esa relación entre padre e hijo, ¡qué fundamental es y cuánto se necesita en la vida!

El Dios en el cual creemos, y que es nuestro Padre, es un Dios que nos perdona también; es un Dios que nos tiene paciencia, es un Dios que espera mucho de cada uno. Y Jesús nos enseñó a confiar en ese Dios que siempre nos acogerá, que siempre está con los brazos abiertos. Lo conocemos ahí, en la parábola del hijo pródigo.

A la luz de eso, entonces, cómo no decirte a ti que eres padre que tus hijos también te van a necesitar. Los hijos, hoy y siempre, van a necesitar de un padre que los espere cuando regresan a casa después de ciertos fracasos.

Así como Dios nos acoge siempre, qué importante es que tú, que eres papá, tengas también la misma fortaleza, paciencia y esa gran capacidad de amor para saber esperar y acoger a tus hijos siempre.

El Padre Dios en el cual creemos, y del cual tenemos que aprender, es un Dios que nos cuida, y que nos cuida siempre. Los padres saben estar ahí junto a sus hijos.

Una de las características más importantes de todo papá, de toda mamá, es precisamente que saben estar con sus hijos y, de manera especial, cuando ellos los necesitan.

Cuando un hijo anda triste, un papá está siempre preocupado, buscando la razón de esa tristeza para darle consuelo.

Cuando ve a un hijo que tiene una necesidad, no ahorra esfuerzos para tratar de solucionarla.

Los padres saben vivir pendientes de sus hijos para ayudarles a crecer y a vivir. Y es lo que Dios hace con todos nosotros.

Dios nos invita a confiar y nos dice: "Miren los pájaros del cielo, miren las flores del campo. Si Dios se preocupa de ellas, cuánto más se va a preocupar de ustedes".

Esa preocupación de Dios, esa mirada amorosa de Dios frente a nosotros, que somos sus hijos y que nos llena de esperanza, es lo que sin duda cada padre también tendrá que replicar en el seno de su hogar. Nada de los hijos es indiferente para un padre.

Un padre, porque se preocupa de sus hijos, enseña, muestra caminos, pero también exige, advierte y corrige. Y si a veces se habla de una relación entre padre e hijo como una relación de amistad, hay que tener presente que también entre los amigos deben existir estos mismos valores. Los amigos también se enseñan, se exigen, se advierten y se corrigen; se muestran caminos.

Un padre cuida de los suyos, así como Dios cuida de cada uno de nosotros.

Si hay algo que los padres deben procurar con sus hijos, y tú que eres papá tendrás que pedir como sabiduría al Señor, es precisamente la capacidad de hablar, de compartir tus sentimientos, de mostrar caminos y de dedicar tiempo para estar con esos hijos que el mismo Dios te ha confiado. Y así como Dios nos habla, nosotros creemos en un Dios que también nos oye, que también nos escucha, que también presta atención. Sabemos que, como hijos, tenemos que hablar con Él a través de la oración.

¡Cómo quisiéramos que todos los hijos tuvieran con sus padres la confianza para manifestarles aquello que van sintiendo! Pero también que esos hijos supieran que van a encontrar el tiempo, la acogida y la disposición de ese padre para saber oír, escuchar, comprender y alentar.

 

Ejemplo de Dios Padre

Qué importante es, entonces, que mirando a este Dios que es Padre, ustedes que son padres, y todos aquellos a quienes de alguna manera se nos llama padres, podamos realizar en nuestra vida aquello mismo que Dios es. Y ahí está este Dios que llena nuestra vida, que nos acompaña; un Dios que comparte nuestras alegrías y nuestras penas.

Un Dios que nos advierte y que también nos dice que en la vida habrá dificultades. Y también, como padres, corresponde preparar a los hijos para que tengan un espíritu agradecido por las cosas buenas que poseen, pero también prepararlos porque en la vida enfrentarán dificultades y pruebas.

El Dios en el cual creemos nos advierte: "Pasarán por las aguas, pero no se ahogarán; pasarán por el fuego, pero no se quemarán". Nos advierte que habrá dificultades, pero también nos dice: "Ahí estoy yo. Ahí estoy yo para acompañarte. Ahí estoy yo para sostenerte".

Eso que pasa también en nuestra vida de fe, qué importante y qué necesario es que también se realice en esa relación de padres con hijos.

Si hoy, en el Día del Padre, miramos a nuestro Dios y Señor, aquel cuyo mejor título es precisamente el de Padre, podremos aprender –tanto ustedes, que son papás como todos los que somos llamados padres aquí en la tierra- a parecernos más a Él, para acompañar y alimentar la vida de aquellos que se nos han confiado.

Den gracias a Dios por ser padres. Recemos por nuestros padres; recemos por esos padres que nos acompañan aquí en la tierra y por aquellos que ya han partido de este mundo. Y que así, en esa relación de padres e hijos, cultivada con cariño y entrega generosa, se puedan formar las mejores personas.

Hoy nos alegramos con ustedes, papás, y pedimos que Dios les bendiga abundantemente.

 

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua