Palabras del Pastor

Levanta tu mirada, Dios cree en ti

El obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera, invita a contrarrestar la tendencia humana a enfocarse únicamente en las dificultades y problemas terrenales, alzando nuestra mirada al cielo. “Dios tiene fe en cada uno de nosotros y, por eso, Dios siempre nos invita a levantarnos, a volver a comenzar”.

Esta semana España ha recibido al Santo Padre, el Papa León XIV. Ha sido una visita hermosa, donde el Papa se encontró con esa Iglesia viva y donde dirigió un mensaje para toda la humanidad, para todos nosotros los creyentes.

Precisamente cuando recién hemos celebrado la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, quiero recordar que el lema de la visita del Papa a España era «Alza la mirada». Una hermosa invitación que todos nosotros hemos de acoger y que nos hace muy bien.

A veces nuestra mirada está muy a ras de suelo, mirando siempre las dificultades, los problemas que son ciertos y verdaderos; miramos las situaciones dolorosas que a veces nos afligen, miramos también nuestra pequeñez, nuestro pecado... Si lo miramos así, a veces, podemos como deprimirnos ante esta realidad que nos puede agobiar. Por eso, el himno de la visita a España es una invitación a levantar nuestra mirada, a tener una mirada más profunda; esa mirada puesta en el cielo, ahí donde está el Señor. Ya nos lo va a decir San Pablo: «Busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo». Ese ha de ser el ideal y el esfuerzo de todo cristiano.

Pero ese mirar hacia el cielo no tiene que llevarnos a despegarnos o a desentendernos de las situaciones de la tierra; sino que ese mirar al cielo hay que hacerlo con esta realidad, con lo profundo de nuestra realidad, de nuestro ser. El Papa lo recordaba: hay que aprender a no olvidar que todo ser humano, que toda persona, que cada hombre, mujer, que tú y yo, somos dignos; tenemos una dignidad por el mero hecho de haber sido queridos, creados y amados por Dios.

Si estamos en este mundo, si hemos recibido el don de la vida, es que Dios ha pensado eternamente en cada uno de nosotros. Y eso nos habla de la dignidad que tenemos, aquello que nos recuerda también el «soy valioso a los ojos de Dios». Pero cuando estamos metidos en estas situaciones aflictivas, cansadoras de la rutina o de los problemas, muchas veces podemos olvidarlo. Por eso, ¡qué bueno que se nos recuerde! Mira, levanta la mirada. Ese levantar la mirada que nos lleve a recordar, entonces, que siempre tenemos que dejarnos, como decía el Papa, acompañar por el amor de Dios.

Decía el Papa: «Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor, aferrémonos a Él que nos invita a la esperanza». Y en esa gran predicación del Papa en estos días ha sido recordarnos eso que es fundamental en nuestro ser creyente: creer en el amor que Dios nos tiene, y Dios nos quiere siempre. Y el amor de Dios por nosotros es incondicional, gratuito y eterno. No dudemos de que Dios nos ama; y Dios me ama cuando soy bueno, y me ama también cuando soy malo. Cuando vivo mi experiencia de pecado, Dios no deja de amarme. De eso no dudemos. Decía el Papa León: «Miren, Dios nos ama, no dudemos de ello; pero Dios tiene un sueño: que seamos mejores». Las dos cosas. No dudemos del amor de Dios por nosotros, pero no olvidemos que Dios tiene un sueño para contigo y para conmigo, y es que nosotros seamos mejores. Y para eso, Dios siempre nos invita a volver a comenzar.

 

Dios cree en ti

Dios cree en el hombre, Dios cree en el ser humano. Esto es hermoso también. Muchas veces nosotros decimos «yo creo en Dios» porque tenemos fe, pero Dios también tiene fe en ti. Dios también tiene fe en cada uno de nosotros, y por eso Dios siempre nos invita a levantarnos, a volver a comenzar, a sentir que tengo nuevas oportunidades. Aquello que muchas veces se dice en la Iglesia: «Mira, no hay santo sin pasado, ni hay pecador sin futuro». Sí, todas las personas, por muy buenas y santas que hayan sido, bueno, también tienen su cuota de falta y de pecado. Y el pecador, y aquel que ha caído, muchas veces también tiene posibilidades de mirar hacia adelante y de tener esperanza. Tenemos que levantar nuestra mirada; no todo es tan malo, y tú y yo no somos tan malos tampoco, y Dios sigue creyendo en cada uno de nosotros.

Levantar nuestra mirada. Es verdad que hay problemas y hay situaciones difíciles, complicadas, dolorosas, cosas que angustian, cosas que a veces nos dan miedo; pero, por lo mismo, tenemos que levantar nuestra mirada.

Me acuerdo de una historia que una vez leí, y hablaba de un joven que se va, en tiempos antiguos, y llega a un puerto y comienza a trabajar en un velero. Él no tenía mucha experiencia; bueno, él comenzó a trabajar quizá limpiando ahí el barco en el cual trabajaba. Y un día le dice el que dirigía su trabajo: «Mira, vas a subir allá a lo alto del mástil». Y aquel joven comienza a subir por esas escalas de soga, comienza a subir y, de repente, mira hacia abajo y parecía que el barco se achicaba ahí ante sus ojos, veía las olas y comienza a sentir miedo, comienza a marearse. Y el que estaba abajo le dijo, le gritó: «¡Mira al cielo!». Y aquel joven miró al cielo, miró el firmamento y, al mirar la quietud del firmamento, él también se tranquilizó; él también pudo respirar hondo y poder seguir adelante.

Eso es lo que hoy día te recuerdo. A veces nos dejamos marear y nos dan miedo tantas situaciones complicadas, que nos afligen; pero quizá nos afligen más porque se nos olvida mirar al cielo. Porque se nos olvida mirar a este Señor en el cual creemos, y a este Señor que tiene su mirada puesta sobre nosotros.

Alcemos nuestra mirada, entonces, y podamos ser hombres y mujeres de esperanza. Y que alzando nuestra mirada, y mirando entonces aquella gloria a la cual estamos invitados, tengamos fuerza para seguir trabajando para que el mundo sea un poco más justo, para que haya un poco más de esperanza, para que tú y yo podamos colaborar con nuestras buenas obras a eso. Que no nos venzan las dificultades, que no nos venzan los problemas, porque más grande que todas esas cosas es el Dios en el cual creemos, el Dios al cual miramos, el Dios que nos mira siempre.

Alcemos siempre nuestra mirada y recobremos nuestra esperanza. Sigue mirando y sigue escuchando, te hará bien. Dios te bendiga.

 

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua