Palabras del Pastor

Catequistas: llamados a mostrar el camino hacia Dios

En la Fiesta de la Ascensión del Señor, la Iglesia agradece la misión de hombres y mujeres que, con fe y entrega, anuncian el Evangelio y acompañan a nuevas generaciones en el camino hacia Cristo.

Hermanos y hermanas:

El santo Cura de Ars, al llegar caminando a la nueva parroquia que se le había asignado, se perdió. Al no estar seguro de qué camino seguir, preguntó a un niño que encontró cuál era el camino que llevaba a Ars. El niño se lo indicó, porque era de allí. Entonces el Cura le dijo: “Tú me enseñaste el camino a Ars; yo te enseñaré el camino al cielo”.

Ésta es una hermosa historia real que habla del cristiano que debe sentir en su corazón el deseo de guiar a otros hacia Dios. Esta misión, que es tarea de todos en la Iglesia, lo es de manera especial de aquellos a quienes llamamos catequistas.

Hoy, al celebrar la Fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos, cuando la Iglesia recibe la misión de continuar la obra de propagar el Evangelio, celebramos de manera especial a los catequistas y damos gracias por su misión. La mayoría de los creyentes hemos contado, en algún momento de nuestra vida, con hombres y mujeres que, como catequistas, nos han mostrado el camino hacia el cielo. Esto debe motivar nuestro agradecimiento hacia ellos.

La vocación del catequista tiene su origen en un llamado de Dios a determinados cristianos, a quienes Él quiere encomendar la tarea de catequizar. El catequista responde a una vocación, a una llamada. Las causas inmediatas por las que, de hecho, se llega a ser catequista pueden ser diversas: responder a una invitación del sacerdote, tomar conciencia de que así lo exige su condición de creyente, el impacto producido por el testimonio de otro catequista, o el deseo de asumir un compromiso en la construcción de la comunidad eclesial. Dios se vale de estas u otras circunstancias como mediaciones para manifestar su voluntad. Pero, más allá de las circunstancias inmediatas, siempre existe una iniciativa de Dios.

La vocación específica del catequista tiene su raíz en la vocación común del Pueblo de Dios, llamado a trabajar al servicio del designio salvador del Padre: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tim 2,4). Por consiguiente, la vocación del catequista brota de su Bautismo, ya que, por él, el cristiano se incorpora al Pueblo de Dios.

En este campo común de la responsabilidad evangelizadora de todo cristiano, se inscribe el deber de colaborar, según la capacidad de cada uno, en la acción catequizadora de la Iglesia. Esta llamada a la tarea de la catequesis está unida a la atracción producida por Dios en el corazón de un cristiano al descubrir en profundidad el Evangelio: “Hijo de hombre, aliméntate y sáciate con este volumen que yo te doy. Lo comí y fue para mi boca dulce como la miel” (Ez 3,3).

Es posible que, ante la tarea de catequizar, el catequista tenga conciencia de su incapacidad e insuficiencia. También la tuvieron los profetas: “No me van a creer ni van a escuchar mi voz” (Éx 4,1), decía Moisés; “No sé hablar, pues no soy más que un muchacho” (Jer 1,6), manifestaba Jeremías. Esta reacción natural sería lógica si el catequista tuviera que desarrollar con sus solas fuerzas la tarea que se le encomienda. Sin embargo, para cumplir tan importante misión cuenta con la gracia y el auxilio del Señor.

El catequista, al aceptar la llamada del Padre, participa y prolonga la misión de Jesús, el primer evangelizador: “Jesús mismo, Evangelio de Dios, ha sido el primero y más grande evangelizador”. El catequista sigue e imita a Jesús justamente como Maestro y catequista de sus discípulos, a quienes envía, a su vez, a transmitir el Evangelio por todo el mundo: “Id y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19). Este seguimiento e imitación de la persona de Jesús y de su ministerio constituye para el catequista el modelo determinante de toda su tarea.

Recemos por nuestros catequistas y por su misión, y tratemos también cada uno de nosotros de mostrar a otros el camino que conduce a Cristo, para que más personas descubran el amor de Dios y la esperanza del Evangelio.

Dios les bendiga

 

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua