Palabras del Pastor

Vale la pena la paz

Un llamado a orar, reflexionar y actuar por la paz, tanto en el mundo como en nuestras propias comunidades y familias.

El fin de semana pasado, en todas las misas, rezamos pidiendo el don de la paz para nuestro mundo. Nos uníamos así a las plegarias que el Santo Padre, León XIV, había realizado en Roma.

El lunes, el presidente Donald Trump tuvo palabras ofensivas contra el Papa por su oposición a la guerra en Oriente Medio. Personas de distintos países y sensibilidades políticas salieron en defensa del Santo Padre, quien reafirmó que no dejará de abogar por la paz, porque es lo que el Señor nos pide.

Todos nosotros debemos trabajar por la paz. Recemos para que quienes tienen autoridad y deben tomar decisiones comprendan que, con la guerra, todos pierden, y que la paz es un bien para todos.

Pero cuidado, la guerra no es el único de los grandes males de este mundo. El Papa Francisco nos advertía: “Dentro del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuantas guerras! En el barrio, en el puesto de trabajo, ¡cuantas guerras por envidias y celos, también entre cristianos!... El mundo está lacerado por las guerras y la violencia, o herido por un difuso individualismo que divide a los seres humanos y los enfrenta unos contra otros en pos del propio bienestar”.

¡Cuantas guerras hay, a veces, incluso en nuestras propias familias! Trabajar por la paz es una tarea que nos compete a todos. Vivir lo que nos enseña la Palabra de Dios es imprescindible: “tratar a los demás como quieres que ellos te traten”, “en cuanto dependa de ti, procura vivir en paz con todos” y “ámense los unos a los otros como yo los he amado”

Vale la pena la paz. Trabajemos y oremos para que ella sea una realidad en medio de nuestro mundo.

Les comparto también la oración del Papa León XIV para rezar por la paz en el mundo entero. Recémosla con frecuencia:

Señor de la Vida,
que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza,
creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra,
para la fraternidad, no para la destrucción.

Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: “La paz esté con vosotros”,
concédenos el don de tu paz
y la fortaleza para hacerla realidad en la historia.
Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo,
rogando que las naciones renuncien a las armas
y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.

Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia,
para que podamos ser instrumentos de reconciliación.
Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad
no nace del control que alimenta el miedo,
sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.

Señor, ilumina a los líderes de las naciones,
para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte,
detener la carrera armamentista,
y poner en el centro la vida de los más vulnerables.
Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad.

Espíritu Santo,
haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana:
en nuestro corazón, nuestras familias,
nuestras comunidades y nuestras ciudades.
Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación
y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo.

Amén.

 

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua