
Con fe y devoción, la comunidad de Nancagua celebró la fiesta patronal de Nuestra Señora de La Merced, en una jornada que tuvo como momento central la Eucaristía presidida por el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto.
La celebración reunió a numerosos fieles que acompañaron a la Virgen en una jornada que contempló también el rezo del Rosario, un desayuno comunitario y la tradicional procesión, en un ambiente marcado por la alegría, la oración y el encuentro de las familias y comunidades.
Durante la Eucaristía, monseñor Vera invitó a los presentes a renovar su confianza en la Virgen María y a seguir su ejemplo de fe y servicio. La celebración permitió también agradecer a Dios por la vida de la comunidad y pedir la intercesión de Nuestra Señora de La Merced por las familias, los enfermos y las distintas necesidades de la localidad.
La fiesta de Nancagua formó parte de las diversas celebraciones que durante septiembre se desarrollaron en la Diócesis de Rancagua, donde la devoción a la Virgen de La Merced se expresa de manera especial a través de peregrinaciones, misas, procesiones y manifestaciones de religiosidad popular.
En Zúñiga, la imagen recorrió distintas comunidades acompañadas por el rezo del Santo Rosario, la Eucaristía y encuentros fraternos, junto con expresiones de tradición chilena como los pies de cueca.
En Chimbarongo, la Virgen peregrinó por diversas comunidades, entre ellas Lourdes, San José Lo Toro, San Pedro Nolasco, Santa Rita Lucana, Cristo Redentor de El Rincón, Peor es Nada y Las Palmeras. La celebración incluyó la Misa solemne y la imposición de escapularios, además de una procesión por la ciudad.
También Doñihue vivió un intenso programa de celebraciones marianas, con la peregrinación de la imagen por distintas comunidades, mientras que en Marchigüe la Virgen recorrió las 16 comunidades de la parroquia Nuestra Señora de La Merced, culminando su recorrido en el Santuario de Alcones.
Asimismo, Codegua, Coltauco y Rancagua se unieron a esta celebración con Eucaristías y procesiones, renovando la devoción a quien es reconocida como Madre y patrona de numerosas comunidades.
De esta manera, la fiesta de Nuestra Señora de La Merced volvió a reunir a los fieles de la Diócesis de Rancagua en torno a la oración y la Eucaristía, recordando a María como modelo de entrega, confianza en Dios y cercanía con su pueblo.