
Hay historias que no se olvidan. En O’Higgins de Pilay, una de ellas tiene rostro de Cristo y más de ocho décadas de memoria. El pasado sábado 19 de septiembre, la comunidad volvió a encontrarse con esta imagen durante una emotiva Misa a la Chilena celebrada en la Capilla Nuestra Señora de Fátima.
Durante la celebración, el párroco, fray Nicolás Alfaro, bendijo el tradicional Cristo del Tranque, que fue trasladado desde las inmediaciones del tranque hasta un nuevo espacio ubicado a un costado de la capilla. Así, una imagen que durante generaciones acompañó la vida del sector comienza una nueva etapa, sin dejar atrás su historia.
El Cristo fue instalado aproximadamente en la década de 1940 por don Francisco Irarrázabal, patrón de O’Higgins de Pilay y recordado como el fundador de esta iniciativa. Desde entonces, la imagen se convirtió en parte del paisaje, las historias y la vida cotidiana de las familias.
Con los años, el lugar donde permanecía el Cristo se transformó también en un espacio de peregrinación y oración. La tradición oral conserva incluso relatos vinculados al tranque y sus aguas, historias que, más allá de cualquier interpretación, forman parte de la identidad y patrimonio de esta comunidad.
Su recuperación fue posible gracias al proyecto FONDEVE, que es un fondo concursable de dinero que entrega cada municipalidad en Chile para financiar proyectos comunitarios presentados por las juntas de vecinos y otras organizaciones sociales, titulado “Rescatando nuestro patrimonio”, iniciativa que permitió restaurar y poner nuevamente en valor este importante signo religioso y cultural
Ahora, junto a la Capilla Nuestra Señora de Fátima, el Cristo seguirá acompañando a las familias y a las nuevas generaciones. Su presencia recuerda que la fe también se construye con memoria, con tradiciones y con aquellos signos que atraviesan el tiempo.
Para O’Higgins de Pilay, no se trata simplemente de cambiar de lugar una imagen. Es conservar una parte de su historia y entregarla al futuro.
Después de más de 80 años junto al tranque, el Cristo tiene un nuevo hogar, pero sigue siendo el mismo signo de fe, esperanza y encuentro para su comunidad.