Actualidad Diocesana

San Fernando celebró el Día del Migrante con una Eucaristía que mostró la riqueza de una Iglesia universal

Miércoles 09 de Septiembre del 2026
La parroquia San Agustín de San Fernando reunió a fieles provenientes de distintos países para orar por los migrantes y refugiados, en una celebración donde diferentes idiomas, banderas y culturas se encontraron en torno a Jesús.

El pasado domingo 6 de septiembre, la Iglesia celebró el Día del Migrante y del Refugiado, una jornada que invitó a las comunidades a elevar una oración especial por quienes han dejado sus países para comenzar una nueva vida. En la Región de O’Higgins, la fecha tuvo un sentido especial en la parroquia San Agustín de San Fernando, donde la Eucaristía dominical se transformó en un encuentro de culturas y fe.

La misa, celebrada al mediodía, fue presidida por el párroco, R.P. Sixtus Uwague, OSA, y contó con la participación de fieles provenientes de distintos países, quienes asumieron diversas responsabilidades durante la celebración.

La hermana Adeline Raharivony, de las Hermanas de Cristo y originaria de Madagascar, proclamó la primera lectura en francés. Durante la oración universal también se hizo presente el idioma propio de su país. La segunda lectura fue proclamada en español y luego en italiano por un joven que vivió durante un tiempo en Italia, mientras que el Evangelio fue proclamado en inglés.

La celebración contó además con la presencia de personas provenientes de Colombia, Venezuela, Argentina y otras naciones. Algunos fieles llevaron sus banderas y hasta camisetas de fútbol de sus países, elementos que fueron ubicados frente al altar como signos visibles de una comunidad diversa, pero unida en la misma fe.

Para el padre Sixtus, este gesto permitió redescubrir una característica fundamental de la Iglesia: su universalidad.

“Era bonito porque eso llama la atención nuevamente de la universalidad de la Iglesia, que es una, sin importar el idioma donde esté. Hay un centro que es Jesús; es lo mismo donde vayan”, señaló.

La jornada recordó también que los migrantes ayudan a la comunidad cristiana a reconocer su propia condición de peregrina. Todos caminan hacia la Patria Celeste, confiados en el Padre Misericordioso que prepara un lugar para cada uno en el Banquete de su Reino.