
Pelequén vuelve a vivir días de profunda fe, oración y devoción en torno a Santa Rosa de Lima. Durante esta celebración, miles de peregrinos llegan hasta el santuario para cumplir sus mandas, agradecer por las gracias recibidas, pedir por sus seres queridos y poner sus vidas en las manos de Dios.
La fiesta es también una oportunidad para encontrarse como comunidad y recordar que la peregrinación no es solo caminar hacia un lugar, sino abrir el corazón al Señor y dejarse acompañar por Él. Las Eucaristías, los Rosarios y los distintos momentos de oración van dando vida a esta expresión de religiosidad popular que reúne a familias y comunidades de distintos lugares.
Un santuario abierto para acoger
Una de las novedades de este año será que el Santuario de Santa Rosa de Lima de Pelequén permanecerá abierto durante toda la noche del sábado 29 y la madrugada del domingo 30 de agosto.
La iniciativa busca acoger especialmente a quienes llegan caminando durante la noche. Habrá momentos de oración y celebración, entre ellos una Misa y bendición de los peregrinos a las 21:00 horas, el Rosario a las 22:30 y la Eucaristía que presidirá monseñor Guillermo Vera, obispo de Rancagua, a las 23:00. A las 04:30 se celebrará una Misa de Sanación.
Escuchar también es acompañar
Entre el 28 y el 30 de agosto, la Pastoral de la Escucha Activa ofrecerá un espacio de acogida para quienes necesiten compartir una preocupación, un dolor o simplemente ser escuchados.
La misión es sencilla y profundamente cristiana: estar disponibles para el otro, acompañarlo con respeto y recordarle que no está solo.
Jóvenes que sirven y acompañan
Los seminaristas de la Diócesis de Rancagua estarán también junto a los peregrinos, colaborando en las celebraciones y disponibles para conversar sobre la fe y el discernimiento vocacional. También se invita a jóvenes, adultos y monaguillos a participar del servicio del altar.
Que estos días sean una oportunidad para peregrinar con fe, celebrar en comunidad y encontrarse con el Señor. Que Santa Rosa de Lima acompañe a cada peregrino y presente ante Dios sus intenciones, esperanzas y sueños.