
Con alegría y espíritu fraterno, la Parroquia San Agustín de Hipona de Rancagua se prepara para vivir su fiesta patronal, una celebración que este año contempla también un especial homenaje a Santa Mónica, madre de su santo patrono.
El párroco, padre Gabriel Becerra, invitó a toda la comunidad a participar de estas jornadas, destacando el vínculo entre ambos santos y la importancia de celebrar juntos su testimonio de fe.
La primera celebración será este jueves 27 de agosto, día dedicado a Santa Mónica. La comunidad se reunirá a las 19 horas en la Capilla Santa Mónica, ubicada en calle Luis Torterolo 2501, Rancagua, para participar de la Santa Misa.
“Tenemos dos fiestas juntas y las celebramos de igual manera”, explicó el sacerdote, quien llamó a vivir este encuentro con “mucho espíritu celebrativo”. Después de la Eucaristía se realizará un ágape fraterno con los fieles y, posteriormente, un encuentro especial con los agentes pastorales de la comunidad.
San Agustín, guía para el caminar de la comunidad
La celebración principal de San Agustín de Hipona se efectuará el sábado 29 de agosto, a las 19 horas, en la sede parroquial ubicada en calle Chorrillos 1681.
La jornada contempla una Eucaristía y, posteriormente, un compartir fraterno abierto a los fieles, con navegado, sopaipillas y otras preparaciones. Luego, los agentes pastorales tendrán un momento propio de celebración y reconocimiento por su servicio a la comunidad.
El padre Becerra explicó que, por razones prácticas, la fiesta de San Agustín se trasladó del viernes 28 al sábado 29 de agosto.
Para el párroco, celebrar a San Agustín supone también recordar a su madre, Santa Mónica, quien perseveró en la oración por su hijo. “No podemos sino celebrar también a su madre Santa Mónica, que tanto rezó por su hijo”, señaló.
Asimismo, destacó a San Agustín como un santo fundamental para la Iglesia y como un guía para la vida comunitaria. “Para nosotros es fundamentalmente quien nos guía en nuestro caminar, quien nos mueve”, afirmó.
Su legado, agregó, invita a buscar a Dios no solo en las realidades exteriores, sino también “al interior de cada persona, al interior de nuestra comunidad, al interior de nuestra Iglesia”.
Así, la fiesta patronal será una oportunidad para renovar la fe, fortalecer la fraternidad y continuar caminando como comunidad junto al Señor.