Actualidad Diocesana

Iglesia en Rancagua pone en el centro la dignidad del trabajo en celebración del Día del Trabajador

Lunes 04 de Mayo del 2026
Durante la Santa Misa por el Día del Trabajador, el obispo diocesano monseñor Guillermo Vera Soto, llamó a valorar el trabajo como misión, servicio y expresión de la dignidad humana.

En el marco del Día del Trabajador, la parroquia San Francisco de Asís de Rancagua celebró la Santa Misa el jueves 30 de abril, instancia en la que se proclamó la homilía de Guillermo Vera Soto, centrada en el valor del trabajo a la luz de la fe cristiana.

En un contexto social marcado por encuentros, manifestaciones y demandas, el obispo invitó a vivir este día desde la oración: “Hemos querido reunirnos a rezar para dar gracias a Dios por el don del trabajo y pedir su bendición”, subrayando la importancia de integrar la vida laboral con la espiritualidad.

 

El trabajo: más que una necesidad, una vocación

En su reflexión, el pastor diocesano fue enfático en señalar que el trabajo no puede reducirse a una función económica. “El trabajo no es sólo una necesidad para subsistir, sino una dimensión esencial de la persona humana”, afirmó, invitando a redescubrir su valor profundo.

A la luz de la Sagrada Escritura, recordó que Dios mismo aparece como creador y trabajador. “Dios ha colocado al hombre y a la mujer como cabeza de toda la creación”, señaló, destacando que el ser humano ha sido llamado a continuar la obra creadora.

 

Una mirada creyente sobre la vida cotidiana

La homilía también puso énfasis en la actitud interior frente al trabajo diario. Inspirado en el relato del Génesis, el obispo destacó la capacidad de Dios de contemplar su obra: “Miraba lo que había hecho y decía: me quedó bien… y al crear al ser humano, dijo: me quedó muy bien”.

Desde esta imagen, invitó a los fieles a vivir su trabajo con alegría y sentido: “Cómo no pedir para nosotros esa capacidad de saber mirar lo que hacemos y gozarnos en aquello que somos capaces de realizar”, evitando caer en la rutina o el desánimo.

 

Desafíos actuales: jóvenes, desempleo y dignidad laboral

La reflexión también abordó la realidad social del país, especialmente la situación de los jóvenes. “En Chile hay más de 300 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan”, advirtió, señalando que esta situación debe interpelar a toda la sociedad.

Asimismo, recordó que el trabajo, aunque es un bien, puede ser exigente: “El trabajo es un bien arduo”, expresó, reconociendo las dificultades que enfrentan muchas personas. Frente a ello, reafirmó la enseñanza de la Iglesia: “Toda economía debe estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía”.

 

El testimonio de la Iglesia y sus pastores

En su homilía, también evocó la enseñanza de San Juan Pablo II, quien durante su visita a Chile habló directamente al mundo del trabajo, destacando la importancia de condiciones justas, salario digno y derecho al descanso.

Junto a ello, presentó a Jesucristo como modelo: “Todo lo hacía bien”, recordó, subrayando que el Señor vivió el trabajo cotidiano con responsabilidad y fidelidad, dignificando toda labor humana.

 

Trabajo y santificación: una oportunidad diaria

Uno de los acentos centrales fue comprender el trabajo como camino de santificación. “Nuestro trabajo también es un medio de santificación”, afirmó el obispo, destacando que no solo permite el sustento, sino también el crecimiento espiritual y humano.

En esta línea, planteó preguntas directas a los fieles: “¿Cómo vivo mi trabajo? ¿Con qué responsabilidad? ¿Lo veo solo como una carga?”, invitando a una revisión personal a la luz del Evangelio.

 

Oración por quienes no tienen empleo

Finalmente, la comunidad elevó una oración por quienes viven la incertidumbre del desempleo. “Rezamos por quienes no tienen trabajo y por quienes pueden crear fuentes laborales”, expresó, llamando a la solidaridad y al compromiso social.

La celebración concluyó poniendo bajo el amparo de la Virgen María la vida laboral de cada persona. “Que ella nos enseñe y nos cuide en medio de nuestras labores”, fue la petición final, reafirmando que el trabajo humano, vivido desde la fe, puede transformarse en un verdadero camino de encuentro con Dios.