
Con gran participación de fieles , las parroquias de la diócesis de Rancagua celebraron el Jueves Santo, día con el que la Iglesia da inicio al Triduo Pascual y en el que se conmemora la institución de la Eucaristía, del sacerdocio ministerial y el mandamiento del amor fraterno.
El Jueves Santo recuerda la Última Cena de Jesús con sus discípulos, momento en el que el Señor se entrega como alimento espiritual y enseña a sus seguidores a vivir en comunión, servicio y humildad. Es una celebración profundamente significativa para los cristianos, pues marca el comienzo de los días santos que conducen a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Durante las misas celebradas en las distintas parroquias, uno de los signos más visibles y conmovedores fue el tradicional lavado de pies, gesto que realizaron los sacerdotes con algunos fieles de la comunidad. Este rito tiene su origen en el Evangelio, cuando Jesús lavó los pies a sus discípulos antes de la Última Cena, mostrando con ese acto que el verdadero liderazgo en la Iglesia se vive desde el servicio y la humildad.
El lavado de pies simboliza, por tanto, el llamado a todos los cristianos a servir a los demás con amor, sencillez y espíritu de entrega, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Asimismo, recuerda que la comunidad cristiana está invitada a construir relaciones basadas en el respeto, la fraternidad y el cuidado mutuo.