Actualidad Diocesana

Mes de María convoca a fieles de la diócesis a rezar unidos por la Virgen en plazas, templos y hogares

Viernes 14 de Noviembre del 2025
El tradicional “Venid y vamos todos” vuelve a escucharse con fuerza, mientras comunidades como Litueche y San Francisco de Rancagua impulsan espacios de oración temprana y el Obispado difunde contenidos diarios para acompañar la espiritualidad mariana.

Desde el 8 de noviembre, la Diócesis de Rancagua se ha sumado con profunda devoción a la celebración del Mes de María, treinta días en los que el pueblo de Dios se une para honrar a Nuestra Madre, meditando su vida y rezando juntos el Santo Rosario. Este tiempo mariano sigue siendo una oportunidad privilegiada para renovar la fe, fortalecer el espíritu y estrechar los lazos que unen a familias, parroquias y movimientos.

El tradicional canto “Venid y vamos todos” resuena en comunidades, capillas, plazas y hogares, donde cada día se levantan voces que recuerdan el amor maternal de la Virgen. Con el fin de acompañar este itinerario espiritual, el Departamento de Comunicaciones del Obispado de Rancagua ha preparado una iniciativa especial: una serie de microprogramas diarios, disponibles en Whatsapp y Spotify. Cada episodio busca inspirar la oración, guiar la reflexión y hacer presente a María en la vida cotidiana de los fieles, fortaleciendo la unidad diocesana en torno a la Madre del Señor.

Entre las tradiciones más queridas de este período se encuentra el Rosario del Alba, una práctica que, año tras año, convoca a numerosos fieles en distintas comunidades. En la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Litueche, esta oración comenzó el mismo 8 de noviembre y continuará los días 15, 22 y 29 de noviembre, además del 6 de diciembre, siempre a las 06:00 horas, antes del amanecer.

Por su parte, la Parroquia San Francisco de Asís de Rancagua también se suma a la jornada sabatina con el rezo del alba, convocando a su comunidad a las 06:30 horas para iniciar el día bajo la protección de María.

En este Mes de María, la invitación es clara: participar, unirse en oración y dejar que la Madre del Señor acompañe el caminar de cada hogar y comunidad de la Diócesis de Rancagua.