Actualidad Diocesana

“Cristo es mi vida”: Mons. Rebolledo recordó el motor de la existencia de Mons. Alejandro Goic

Miércoles 03 de Septiembre del 2025
En su homilía, el arzobispo de La Serena destacó la generosidad, la espiritualidad franciscana y la valentía social del obispo emérito de Rancagua, cuya vida y ministerio estuvieron siempre marcados por el amor a los más pobres.

Con una multitudinaria y emotiva Misa de Exequias en la Plaza Los Héroes de Rancagua, este miércoles 3 de septiembre al mediodía, la Iglesia diocesana despidió a Monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo emérito de Rancagua, fallecido el pasado 1 de septiembre.

La celebración fue presidida por Mons. René Rebolledo Salinas, arzobispo de La Serena y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, acompañado del Nuncio Apostólico, Mons. Kurian Mathew Vayalunkal; el obispo de Rancagua, Mons. Guillermo Vera Soto; junto a numerosos obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, autoridades y una multitud de fieles que quisieron rendir homenaje a quien marcó la vida eclesial y social del país.

En su homilía, Mons. Rebolledo recordó el lema episcopal de Mons. Goic: “Cristo es mi vida”, subrayando que este fue el motor de su existencia. “Nos congregamos para dar gracias por este apreciado pastor y pedir por su descanso eterno, sabiendo que nada nos separará del amor de Dios”, expresó.

El prelado destacó los diversos servicios pastorales de Mons. Goic: desde sus inicios como sacerdote en Punta Arenas hasta su misión episcopal en Osorno y Rancagua, así como su servicio como presidente de la Conferencia Episcopal y del Consejo Nacional de Prevención de Abusos. “En todos estos lugares entregó su vida con extraordinaria generosidad”, afirmó.

Uno de los rasgos más recordados fue su cercanía con los más pobres y excluidos. Mons. Rebolledo evocó su valentía en momentos complejos de la historia nacional y su recordada propuesta del sueldo ético, que interpeló a toda la sociedad. “Para don Alejandro, la preocupación por los excluidos estaba en lo más profundo de su corazón”, señaló.

Su espiritualidad estaba marcada por un amor entrañable a Cristo y a la Virgen María, con inspiración en san Francisco de Asís y san Alberto Hurtado.

La comunidad de Rancagua lo despidió con un profundo agradecimiento pastoral. “Querido don Alejandro, sabiendo que para usted la vida fue Cristo, pedimos que la muerte sea su verdadera ganancia. ¡Descanse en la paz del Señor!”, concluyó Mons. Rebolledo

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