Actualidad Diocesana

Mons. Alejandro Goic: un legado vivo en la voz de obispos, educadores y su familia

Martes 02 de Septiembre del 2025
Diversos testimonios recordaron al Obispo emérito de Rancagua como un hombre de fe profunda, promotor del diálogo y defensor de los más pobres.

Con profundo dolor, pero también con fe en la resurrección de Cristo, la Diócesis de Rancagua se ha unido para despedir a su Obispo emérito, Monseñor Alejandro Goic Karmelic, quien partió a la Casa del Padre el pasado 1 de septiembre de 2025. Su vida y ministerio han sido recordados en diversas voces que testimonian su huella como pastor bueno, cercano y comprometido con los más humildes.

El actual obispo de Rancagua, Monseñor Guillermo Vera, expresó que la noticia significó “una tristeza grande”, aunque inmediatamente recordó que la Iglesia celebra con esperanza. “Fue un hombre bueno, un pastor bueno, un chileno que amó su patria. Trabajó siempre por la comunión, eso que tanto nos falta. Su sencillez y mansedumbre lo caracterizaron y le permitieron acompañar a muchos en momentos difíciles, llevándoles consuelo y esperanza”, destacó.

Mons. Vera subrayó que Alejandro Goic buscaba siempre “los espíritus buenos”, animando al diálogo, la reconciliación y a reconocer la parte de verdad que existe en el otro. “Creo que fue un hombre manso y humilde de corazón, como el Señor nos invita a serlo a todos”, concluyó.

Testimonio desde la educación católica

Uno de los ámbitos donde Mons. Goic dejó una huella profunda fue la educación católica. Así lo recordó Pedro Díaz Cuevas, presidente de la Federación de Instituciones de Educación Particular (FIDE). “Siempre agradeceremos su vida y su cercanía con la vocación educativa. Como presidente de la Conferencia Episcopal apoyó firmemente a nuestros colegios, acompañando los proyectos en tiempos difíciles. Miles de jóvenes que se han formado en la educación católica le deben mucho a su testimonio y apoyo”, señaló.

Díaz Cuevas, ex rector del Instituto Marista de Rancagua, destacó además la presencia constante de Mons. Goic en la vida escolar: “Nos acompañó en cada acto, con cercanía y testimonio de pastor”.

Un padre en la fe

También se hizo presente la voz de Monseñor Óscar Blanco, obispo de Magallanes, quien presidió la primera misa en que fueron velados los restos de Mons. Goic en Rancagua. “Para mí fue como un padre. Nos conocimos en 2004, trabajamos juntos en el Sínodo de Rancagua y siempre estuvo presente en mi vida. Él fue quien me ordenó obispo, y me decía con alegría: ‘ahora puedo morir en paz, porque ordené a un obispo’. Siempre nos mantuvimos en contacto, aconsejándome y alegrándose con mis pasos pastorales”, recordó con emoción.

El recuerdo de la familia

La dimensión más íntima del obispo emérito fue evocada por su sobrina, la ex senadora Carolina Goic, quien agradeció a las comunidades que lo acompañaron en su ministerio. “Fue un pastor que levantó la voz en momentos decisivos, como cuando llamó a Chile a un salario ético. Representó a esa Iglesia viva, cercana a los más vulnerables. Como familia, lo recordamos también en lo cotidiano, como un ejemplo de vida entregada al servicio de Cristo y de los demás”.

Carolina Goic añadió que en tiempos de polarización, su tío Alejandro enseñó con su ejemplo a construir amistad cívica y bien común: “Nos mostró cómo vivir el Evangelio en lo cotidiano, reconociendo al otro con respeto y buscando siempre el diálogo”.

Un legado de sencillez y esperanza

Las palabras de pastores, educadores y familiares coinciden en subrayar la figura de Mons. Goic como un pastor sencillo, manso y humilde de corazón, que trabajó en distintas diócesis —desde su natal Punta Arenas, pasando por Concepción, Talca, Osorno y Rancagua— con la misión de acercar a las comunidades a Cristo.

Su legado se hace presente hoy como una invitación a vivir la comunión, la esperanza y el servicio a los más pobres. La Iglesia en Rancagua eleva sus oraciones con gratitud, pidiendo que Cristo Buen Pastor reciba a su siervo fiel en la plenitud de su Reino.