
Con el corazón abierto al Evangelio y las manos dispuestas al servicio, la Parroquia Santa Ana de Rengo ha hecho de la ayuda fraterna una misión constante. Desde agosto de 2024, cada lunes y jueves al medio día en el salón parroquial, un grupo de voluntarias recibe con calidez a personas en situación de calle, ofreciéndoles un almuerzo digno, oración compartida y compañía fraterna.
Esta iniciativa, impulsada inicialmente como un signo del Mes de la Solidaridad, encontró eco en el compromiso de la comunidad y se mantuvo de forma estable durante todo el año. “Comenzamos con doce hermanos, hoy atendemos a unos 45 por jornada. El frío y la soledad nos interpelan como comunidad cristiana”, expresó el P. Pedro Pedraza, sacerdote asuncionista y párroco del templo.
La comida se prepara con esmero gracias a la generosidad de los fieles, quienes colaboran con alimentos no perecibles, tiempo y recursos, y con la dedicación de quienes cocinan, sirven y oran junto a los invitados. “No se trata solo de dar comida, sino de acoger y reconocer el rostro de Cristo en el hermano que sufre”, afirma una voluntaria.
En este Mes de Santa Ana, se ha iniciado una campaña especial: recolectar calcetines nuevos para varones y mujeres adultos, y preparar un almuerzo reforzado este jueves, como gesto de cariño hacia quienes más lo necesitan.
El padre Pedro invitó a toda la comunidad a sumarse con alegría: “La solidaridad no se improvisa, nace del encuentro con Jesús. Si puedes donar, servir o simplemente acompañar, hay lugar para ti en esta obra del amor de Dios”.
Las donaciones pueden entregarse en la oficina parroquial o a través de los canales habilitados. Porque donde hay caridad verdadera, allí está Dios.